Aparcar dos horas sin animal se multa con 50 céntimos

Jorge Lamas Dono
jorge lamas VIGO / LA VOZ

FIRMAS

El Concello de Vigo inventa en 1890 impuestos para solventar sus carencias económicas

14 oct 2014 . Actualizado a las 04:00 h.

Es un antecedente de la zona azul, que actualmente se denomina en Vigo X.E.R., a finales del siglo XIX, con algunos matices distintos pero con igual intención de regular el estacionamiento de vehículos en la vía pública. En octubre del año 1890 aún no había en la ciudad de Vigo vehículos de tracción mecánica pero sí numerosos carros tirados por animales.

En la sesión ordinaria celebrada el día 1 de octubre, los corporativos vigueses se vieron obligados a hacer cambios en la concesión de la recaudación del arbitrio extraordinario sobre la permanencia en la vía pública por más de dos horas de los vehículos sin ganado, es decir, aparcados.

Este cobro había sido encargado en julio de ese mismo año a Cándido Estévez Bouza. El Ayuntamiento de Vigo le había otorgado la capacidad de cobrar cincuenta céntimos de peseta a los propietarios de los carros sin ganado que permanecieran más de dos horas en las calles, «concediéndole el premio del diez por ciento sobre las cantidades que recaude, que deberá ingresar en Depósito al final de cada mes». Entonces, para poder ejercer con autoridad este servicio, el alcalde lo provisionó de «la oportuna credencial para que sea reconocido como tal recaudador», se indicaba en el acta de la sesión plenaria correspondiente.

Cándido Estévez Bouza, «por tener que dedicarse a otras ocupaciones», renunció al cargo, no sin antes entregar al deposito económico municipal la cantidad recaudada entre el 28 de julio y el 30 de septiembre. En ese período, el concesionario municipal impuso sesenta y dos multas de tráfico, una cantidad muy importante. «Han sido 62 pesetas, de las que deducidas seis pesetas y veinte céntimos por el diez por ciento de administración, quedan a favor del municipio cincuenta y cinco pesetas y ochenta céntimos», se recoge en el acta municipal del 1 de octubre de 1890.

Un cabo de la guardia

No debió de ser un trabajo fácil la recaudación de este impuesto y quizá por ello renunció Cándido Estévez. Por ello, el alcalde y sus concejales decidieron entonces poner a una persona con mayor autoridad y más acostumbrada a multar. El Ayuntamiento acordó entonces, primero admitir la renuncia del primer concesionarios y, después, nombrar recaudador provisional el arbitrio al cabo segundo de la guardia municipal José Castro Rodríguez. Y es que entonces, las arcas municipales estaban muy mermadas. Hasta tal punto, que se comisionó a varios concejales para que realizasen un estudio que permitiese acabar el ejercicio.

En la sesión ordinaria de la corporación municipal de Vigo del 18 de octubre de 1890, la comisión de Hacienda consideraba conveniente una reducción en el presupuesto de gastos «ante el temor de que los ingresos consignados no respondan a los cálculos de la comisión autora del presupuesto». Advertía entonces aquella comisión especial que eran muchos e importantes los servicios a los que afectaba la reducción que proponían «pero ante el déficit que a la simple inspección presenta el presupuesto vigente y que, como la comisión especial, calculan los informantes en más de 90.000 pesetas por lo irrealizable de son algunos de los arbitrios establecidos no cabe aconsejar a su excelentísimo otra cosa para evitar ulteriores responsabilidades».

eran otros tiempos septiembre 1890