El pobre autóctono sustituye al extranjero que antes se sumaba a las peonadas como temporero

La Voz

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En tiempos de bonanza no tan lejanos, no había en la comarca personal suficiente para trabajar en la vendimia, y las bodegas tenían que echar mano de extranjeros e inmigrantes que no hacían asco a ese dinero extra. María Falcón recuerda esos tiempos. «Nosotros contratábamos a los peruanos que vivían aquí de la pesca; luego se quedaron sin trabajo y ahora creo que ya no están».

Pero llegó la crisis y el perfil del temporero cambió por completo. Por supuesto, sigue siendo mayoría el peón autóctono que todos los años participó en las labores de la vendimia, una actividad fundamental para reactivar en el mes de octubre la economía de la comarca. Pero a mayores están los jóvenes en proceso de rehabilitación que contrata Pazo Baión por el acuerdo que firmó con el Plan Nacional sobre Drogas cuando compró la bodega, y que benefició este año a una decena de ex drogodependientes. Y ahora también el centenar de familias de Amigos de Galicia que aliviarán su difícil situación con la entrada de un sueldo que en sus casas hacía tiempo que no veían.

No es exactamente el caso de Ángela Meis Mascato, una joven de Cambados cuyo marido cobra todos los meses una pensión por discapacidad. Pero Ángela tiene dos hijas de 13 y de 9 años, y la pensión del marido se va en el pago de la hipoteca. Así que ella tiene que buscarse la vida, y hasta ahora supo hacerlo, porque es una curranta nada. «Siempre trabajé en la conserva, pero ahora, con la toxina, está todo parado, así que este año fue muy difícil. Antes trabajaba en la fábrica nueve meses seguido, ahora no». Por eso, cuando no tiene ingresos, tiene que echar mano de la ayuda de Amigos de Galicia, que se acordó de ella para la vendimia de Don Olegario. Una oportunidad que Ángela, que ya había participado otros años en la recogida de la uva, no quiso desaprovechar.

Llegar a fin de mes

Y como casi todos los que cobraron sus peonadas, ya sabe en qué va a invertir el dinero. No es muy difícil. «Una parte para el material escolar, y el resto para acabar el mes, que siempre vamos llegando a final de mes mal y arrastro, hay que estirarlo lo más que se pueda».

Y con Ángela estuvo Christopher, un joven que nada más cobrar iba a comprarse el material escolar, o Juan Carlos, un chaval de Ribadumia que pensaba darle parte del dinero a su madre y comprarse algo de ropa con el resto, y Mari Luz, que tenía que gastarse unos trescientos euros en los libros de sus hijos... Y así. Gente normal.