La mordida oficial

Alicia Fernández

FIRMAS

Imagínese por un momento que en su casa, o en su empresa, usted pudiese fijar sus ingresos en función de sus gastos. Justo lo contrario de lo que hace siempre. ¡Eso sería coser y cantar! Pensará. Pues tan ímprobo esfuerzo es lo que hacen los políticos cuando acceden al gobierno de un ayuntamiento, comunidad autónoma o el propio Estado. Encomienda que cualquier ama o amo de casa con dos o más churumbeles bordaría con los ojos cerrados y mucho sentido común. Pero ellos no, ni así. Para muestra miren las arcas de todas las Administraciones: no es que estén vacías, están hipotecadas para muchos años.

En los tiempos de vacas gordas pasamos por alto ciertas aberraciones. Por ejemplo, es una absoluta desfachatez que en una zona donde el salario medio de los ciudadanos -los que tienen la suerte de trabajar- apenas llega a los mil euros y sus alcaldes trinquen más de cincuenta mil euros al año. Y muchos concejales veinte o treinta mil por hacer muy poco o nada; en algunos casos con otros complementos. Para colmo de cara dura, cuando les haces esta crítica, te dicen que en la empresa privada lo ganaban. En la mayoría de los casos es una mentira obscena, pero en los que sea verdad: ¡váyase usted a la empresa privada! Allí se lo pagarán mientras rinda y produzca para ello. Con un estricto control. En la gestión pública no se pueden pagar salarios que multiplican por cinco el del ciudadano medio. Un hecho que es más indecente si quien lo hace, a renglón seguido, asegura que tiene vocación de servicio público.

Para mantener esta barra libre, y la de la cohorte de enchufados, hay que aumentar los ingresos. Solución, más impuestos para los ciudadanos. A nivel local el IBI, que ha aumentado en 15 años el trescientos por cien (y con valoraciones infladas), timos de la estampita como las plusvalías locales, tasas abusivas, etcétera. Más arriba, la injusticia del impuesto de sucesiones, o chorizadas varias como las ITV, el peaje de las mil certificaciones y controles, invención de tasas,... También sería muy ilustrativo que todas las Administraciones hiciesen público el incremento de ingresos por multas de los últimos diez años. Lo importante es que toda esta pandilla sigan viviendo a cuerpo de rey, eso sí, ¡para hacerle un favor a los ciudadanos, faltaría más!

Después cuando desde Podemos usan estas razones para llamarles casta se quedan tan sin palabras, sin argumentos ni razones, que únicamente tiran de mentiras y chascarrillos baratos -festejados por sus forofos- para contrarrestar su discurso. Si es verdad -como afirman- que la renuncia efectuada por Pablo Iglesias y compañía de muchos privilegios y una parte muy importante de su salario como cargos públicos es demagogia, que lo hagan ellos también. Cosecharán los mismos votos que él y le restarán argumentos. Si las propuestas de Albert Rivera (Ciutadans) son oportunistas, que las propongan ellos también. Pero no lo harán. Viven muy bien y tienen la máquina de hacer el dinero con que mantener ese estatus: crear o subir los impuestos. La extorsión legal.