Dibujando rumbos desde un despacho

míriam vázquez fraga VIGO / LA VOZ

FIRMAS

M. MORALEJO

Pablo Cabello es arquitecto de formación y ejecutivo de una entidad bancaria, y lleva en la vela 30 años

14 sep 2014 . Actualizado a las 06:00 h.

Cuando sus compañeros del Náutico ven a un tipo con traje asomando por el muelle saben que no puede ser otro que Pablo Cabello (Vigo, 1976). El regatista compagina la vela con su faceta de arquitecto en Abanca. «Vas con el tiempo justo. Es quitarte la corbata y ponerte el traje de agua. Soy un caso único», cuenta.

Sus inicios se remontan a los 8 años, la misma edad con la que la mayor de sus hijos compite ya con él. «Yo tenía pánico al mar. Ni me acercaba a la orilla. Y a mi madre no se le ocurrió otra cosa que meterme a navegar». No tardó en cogerle el gusto, pues «podía más la vergüenza de reconocerlo que el miedo».

Treinta años después, convertir en compatibles vela y trabajo le resulta «automático». «Llevo muchos años y mis estructuras mentales están integradas así», asegura. Cree que su constancia y competitividad han sido sus guías. «El trabajo me ayuda a ser mejor deportista y al revés. En ambos son importantes la organización y el rendimiento. Una cosa sirve de entrenamiento para la otra».

Cuando estudiaba fue capaz incluso de «dibujar durante toda la noche e ir sin dormir a la regata del día siguiente». Pero lo más duro fue decidir si se decantaba por una preparación olímpica. «Opté por el no para estudiar, hacerme arquitecto y tener una familia. A los 19 años era campeón del mundo de Vaurien y me lo pusieron encima de la mesa, pero no encontré los apoyos necesarios», recuerda. Nunca se ha arrepentido. «Hubiera requerido estar los siete días en el agua. Yo he hecho lo que quería: ser deportista de alto nivel aunque en una clase no olímpica», comenta. Y no niega que «cuando ves a compañeros a los que ganabas como Iker (Martínez) y Xabi (Fernández) sientes envidia sana».

La familia es el tercer y más importante eje que completa su vida cotidiana. «Trabajo de ocho a siete y media y a partir de ahí me toca ejercer de padre: recojo en el cole, baño, hago cena y lo que haga falta, junto a mi mujer». Luego, «cuando para la mayoría empieza el relax», para él es tiempo de deporte. «Salgo a correr, voy al fisio, coso una vela... En mi salón lo mismo te encuentras una aguja que un cabo o una resina», comenta.

Reivindica la vela ligera, «que en España es raro practicar tras los 30 y a la que se presta poca atención». Él tiene como compañeros desde hace siete años a Javier Lago, su complemento ideal. «La vela es en un 80 % estrategia. Yo con 20 años me apoyaba más en la parte técnica y física y ahora se la dejo a él, que es quien pone los músculos», admite entre risas. Ya miran al mundial de Holanda 2015, al que prevén acudir por primera vez «con un barco diseñado y fabricado en Vigo».

Cabello no se pone fecha de retirada. «Cuando se lleva agua salada en las venas, se muere encima del barco. Así lo hizo literalmente Ángel Armada, con quien empecé y que es un modelo a seguir». De momento, a sus 38, calcula que son dos o tres días al año aquellos en los que ni navega ni trabaja. «Solo cuando a mi mujer le llegan los morros al suelo».

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