Prueba de acceso a una nueva vida

carmen garcía de burgos PONTEVEDRA / LA VOZ

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Valentina Bohorquez hizo ayer Selectividad para extranjeros. Es la primera de su familia en mudarse a Galicia desde Venezuela huyendo de la inseguridad

09 sep 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Sale del aula 004 de la UNED de Pontevedra con una gran sonrisa y su larga melena castaña suelta. Lo primero que hace es ponerse a hablar con Jorge, un joven de 17 años que acaba de llegar de Houston para hacer la Selectividad para extranjeros. Estuvo allí cursando el último año de Bachillerato y ahora va a continuar aquí sus estudios, aunque no ve el momento de regresar a Estados Unidos.

Comentan brevemente la elección de cada uno, y Valentina Bohorquez no tarda en contar su caso, que es exactamente el contrario. Ella cruzó el Atlántico hace dos meses con el único objetivo de poder empezar su nueva vida en Galicia. Para ello dejó atrás -temporalmente- a su familia, sus amigos, sus estudios, su país, sus costumbres y todo lo demás que, aunque seguirá siendo «su», estará un poco más lejos.

Tiene claro «de toda la vida» que quiere estudiar Odontología, no sabe explicar por qué. Y también eso ha tenido que aparcarlo temporalmente. Valentina, de 19 años de edad, había comenzado ya su formación en dicha área en su país. Llevaba cuatro meses de clase, pero como no terminó año entero, no le convalidan nada en España.

Además, para el curso escolar 2014/2015 ya están cubiertas todas las plazas de Odontología en Santiago, una de las carreras con la nota de corte más alta de toda la oferta educativa universitaria. Así que por el momento tendrá que buscar algún máster u otra alternativa que le resulte útil para el futuro, como algún idioma, para aprovechar el tiempo hasta el año que viene.

Pero, a pesar de todos los obstáculos que se está encontrando en su camino hacia su nueva vida en Galicia, no podían esperar más para traer a la joven hasta España. O, mejor dicho, para sacarla de Caracas.

Policía y los secuestradores

Era su ciudad de residencia, pero también la de su secuestro. El suyo y el de sus padres. Fue hace dos años, exactamente en el momento en que decidieron dejar su país para dar una oportunidad a Galicia. Regresaban a casa de noche en el coche familiar. Estaban casi llegando, cuando tres hombres se metieron en el vehículo. Iban armados. Uno ocupó el asiento del conductor, otro el del copiloto y un tercero detrás, con la familia y el perro. Eran las diez de la noche, y estuvieron hasta las 4 de la madrugada dando vueltas por la ciudad, parando solo para cambiar de vehículo cuando se dieron cuenta de que la Policía buscaba el coche de los secuestrados.

La madre había conseguido llamar a un agente amigo suyo con el móvil sin que los secuestradores se dieran cuenta. Pero apenas tardaron en enterarse: «Hay tanta corrupción que la policía enseguida alerta a los delincuentes de que los están buscando».

«Tuvimos suerte, no tuvimos que pagar rescate, y pudimos incluso recuperar nuestro automóvil; simplemente nos soltaron cuando vieron que se les complicaba la cosa», recuerda Valentina, y se le iluminan los ojos cuando se le pregunta por la seguridad que respira en Santiago, donde vive temporalmente con una tía mientras espera a sus padres, dos hermanas, su hermanito y a su abuela.