Cambio radical en la gran cita del empresariado barbanzano
07 sep 2014 . Actualizado a las 07:00 h.No hay cambio que no lleve aparejada controversia, y más aún cuando este es radical. La Federación de Empresarios do Barbanza (FEB) apostó a todo o nada en la edición número 26 de la gala de entrega de los Dolmen de Ouro, unos premios instaurados en el siglo pasado, pero que no consiguieron adentrarse en el XXI hasta anteayer, transcurridos ya 14 años de la nueva centuria. Nunca es tarde si el resultado es bueno, y en este caso, a tenor de lo vivido, parece que la cosa ha ido bien, pero con los matices de quienes creen que cualquier tiempo pasado fue mejor, que la comida nunca complace el gusto de todos, que seguir un acto largo de pie se hace cansino... siempre hay un pero, o dos, o tres.
Los galardones fundados hace más de un cuarto de siglo por un equipo presidido por el ya fallecido Juan Manuel Penalta Reino, y luego pulidos cual diamante en bruto por quienes le sucedieron, y que fueron recordados en la gala por un «justo» homenajeado Felipe Ordóñez, al citar a Anxo Cristobo, Manuel Tomé, Ramón Hermo, Pablo Martelo, Gladys Bermúdez y al «capitán» José Ramón Romero, fueron sometidos a una transformación tal que no los reconocerían ni sus mentores. La clave principal fue que, por primera vez, un jurado externo determinó, por unanimidad, los seis premiados: Casa Jurjo, de A Picota, en la modalidad de Empresa Familiar; Confecciones Hortensia, de Taragoña, en Implantación de I+D+i; A Poutada, de Ribeira, en Internacionalización; Ganadería Tierra Celta, en Excelencia en la Gestión; Náutico de Boiro, en Promoción Turística; y Habelas Hailas, en Iniciativa Emprendedora.
Es digno mencionar que, efectivamente, solo unos pocos privilegiados pudieron seguir el acto sentados en taburetes altos, pero la entrega de premios se despachó en 45 minutos, discursos incluidos, frente a las tres y cuatro horas que se empleaban con el formato anterior, donde no había control de los tiempos de las intervenciones y, por encima, se permitía que hablase un representante de cada departamento de las distintas Administraciones. La consecuencia era que el público se aburriese y comenzasen las conversaciones en las mesas hasta el punto de que no se escuchaba el discurso del orador.
Favorecer los contactos
El sistema de cambiar la cena al uso por una cena-cóctel con variedad de platos, servida por In9 Eventos, con el fin de favorecer el networking entre los asistentes, que no es otra cosa que el intercambio de impresiones y los contactos, también funcionó, porque permitió a quienes lo desearon saludar y conversar cona otras personas, más allá de los acompañantes de cada nominado o de cada institución. Y prueba del acierto es que numerosos invitados permanecieron en el salón de actos del Liceo de Noia hasta más allá de la medianoche.
Y para que la fiesta fuese redonda, lo importante era conseguir que todo el mundo se marchase satisfecho, incluso aquellos que pudieran sentirse decepcionados por no haber conseguido el preciado Dolmen de Ouro, por eso la organización dispuso que las once firmas que no lograron el histórico símbolo se llevasen como reconocimiento una placa, quizás para así animar a los emprendedores a seguir en el mismo camino para ver si en la próxima edición son ellos los protagonistas del esperado momento de gloria empresarial.
Se notó, sin duda, la mano experta de toda una una eminencia en turismo como es Domenec Biosca, que además de presidir el jurado se involucró en la organización y se esforzó para, en pocas palabras, dejar constancia de los detalles que se decantaron al tribunal para decidir quiénes se merecían los Dolmen, o mejor dicho, quienes se lo llevaban para sus empresas porque merecer, como quedó dicho, lo merecían todos. Y, por supuesto, para más realce de la noche, la presentación a cargo de Susana Martínez, que derrochó simpatía; la incontenida emoción de Francisco Pérez; y el merecido reconocimiento a Felipe Ordóñez.