O Facho

Jorge Lamas Dono
Jorge Lamas EL ÁTICO

FIRMAS

ace unos años, un amigo me contó que, visitando el yacimiento de O Facho de Donón, en Cangas, vio cómo una pareja entraba en una de las casas circulares, subiendo por encima de las piedras. Me decía que, tras llamarles la atención, obtuvo por respuesta un desalentador: «¿Acaso es tuyo?». Una respuesta tan cargada de incultura es una de las causas de que nuevamente el yacimiento haya sido vulnerado por un individuo que decide «adornar» el lugar porque lo considera poco atractivo para los turistas.

Es una causa que desde luego merece ser reprochada, pero no es la única. Habría que apuntar también hacia la Administración para ser realmente justos. Quienes conocemos O Facho desde que estaba cubierto de tojos sabemos que actualmente el abandono es absoluto en este mágico lugar, que durante algún tiempo sirvió al culto de Berobreo. Si hubo un momento en el que parecía que el lugar sería puesto en valor, sea por las razones que fuese, el abandono regresó. El problema añadido es que ahora se sabe que es un yacimiento importante.

Pero, además de estas dos razones, hay una tercera que influye en que haya gente que siga preguntando a otros «¿acaso es tuyo?». Es la desidia de la Administración por divulgar el patrimonio, ese conjunto de evidencias que nos recuerdan cómo hemos llegado a ser lo que somos. La protección del patrimonio -en general, la defensa de lo público y de lo comunitario- empieza en cada uno de los ciudadanos que, conscientes del bien común, aportan sus recursos para garantizar que las siguientes generaciones siguen disfrutándolo. Cuando estemos orgullosos de lo que fuimos, quizás no haya inconscientes que formen pilas de piedras para adornar un yacimiento. Para llegar a ese punto, antes es necesario que todos conozcamos, o por lo menos intuyamos, la importancia que tienen un montón de piedras.