Asignatura pendiente

Paula Feijoo

FIRMAS

Cables, cables, cables... en las ciudades crecen antenas, los cables trepan por las fachadas y vuelan de un edificio a otro...; en el rural, carpas de cables, auténticas telarañas, torres de alta tensión invaden el paisaje de forma incontrolada. Convivimos con ellos y lo tenemos tan interiorizado que solo cuando fotografiamos la iglesia románica, el paisaje rural, el pazo renacentista; solo en ese instante los vemos.

En 1881 se fundó la Sociedad Española de Electricidad, primera empresa que producía y distribuía fluido eléctrico a otros consumidores. Han pasado más de cien años y no hemos sabido incorporar las «nuevas tecnologías». Cuando pensamos un edificio nos preocupamos de generar un espacio y de cómo las instalaciones queden integradas en la propia arquitectura, pero ¿qué pasa en el exterior? Ya en 1976 la Unesco en la Carta de Nairobi nos recomendaba integrar la vida contemporánea en los conjuntos históricos haciendo hincapié en su artículo 8 a las redes de infraestructura y en los planeamientos de protección redactados posteriormente se recoge en mayor o menor grado. Pero las fachadas de nuestros edificios históricos, 30 años después, son contaminadas por cables día a día, ¿qué pasa en los edificios que no fueron pensados para la vida de hoy? Todos nos molestan, pero se sigue autorizando, sin una legislación que lo regule, que una maraña de cables nos invada.