Pedían calor, y ahí lo tienen. Ayer, el termómetro tonteó con la treintena de grados centígrados, lo cual tal vez explique, junto al fervor mariano, la enorme afluencia de público que experimentó la última de las procesiones marítimas en honor al Carmen: la que protagoniza A Illa. El municipio isleño se abrió al día repleto de gente. Curiosamente no sus playas, porque lo cierto es que corría un aire que daba gusto, aunque no tanto como para desprenderse de la indumentaria y broncearse al sol así, a pecho descubierto. Alguno incluso paseaba por la arena armado con una sudadera. Fina, pero sudadera, al fin y al cabo. Otra cosa es lo que sucedió con el paso de las horas y ascenso del mercurio. Desde luego, el muelle O Xufre estaba de bote en bote, nunca mejor dicho, para celebrar a la patrona del mar.
Todos a bordo
Aún con la misa a medio oficiar, mucha gente quiso fotografiarse junto a la imagen de la santa, cosa que no acabó de gustarle del todo al cura párroco. Aunque para multitud, la que, finalizada la ceremonia, quiso subir a bordo de la embarcación principal. Se tuvo que poner la tripulación seria para ordenar convenientemente a quienes se afanaban por poner un pie en el barco para hacerse a la mar. Superados los inconvenientes, la procesión surco las aguas de Arousa. Con el nuevo patrón mayor, Juan José Rial, recién tomada su posesión del cargo. La consellería no quiso ni oír hablar del cambio de fecha que la cofradía proponía para evitar la coincidencia de fechas. La burocracia solo entiende de sí misma.
Barcaños en Carril
También el mundo del mar y la navegación dominaron la jornada de ayer en Carril. En esta ocasión, fueron unas embarcaciones más modestas las que se hicieron a la mar. Los clásicos barcaños, los cajones de madera en los que antiguamente se clasificaban los moluscos, fueron recuperados hace años para convertirse en una cita fija dentro de las fiestas de San Fidel. Este año, sin comisión y con una propuesta low cost, pero fiestas al fin y al cabo. Los chavales se lo pasaron como enanos, desplazándose desde la playa de A Covacha en tan ilustres lanchas.