Prioridades en asuntos perrunos

Es triste comprobar que la mayor concentración de propietarios de perros con sus animales pelee por una playa para pasear y no contra el abandono y el maltrato

Propietarios de perros se manifestaron para exigir al Concello que cumpliera el compromiso de habilitar la playa de Torralla.
Propietarios de perros se manifestaron para exigir al Concello que cumpliera el compromiso de habilitar la playa de Torralla.

Con la que está cayendo, con familias pasando hambre, abundar en el asunto de las playas perrunas parece una obscenidad pero a veces cuestiones irrelevantes se convierten en culebrones incluyendo aspectos políticos de mayor calado. Por ejemplo que el concejal Font desautorizase públicamente Chus Lago tiene cierta trascendencia y dejaba a la concejala de Medio Ambiente a los pies de los caballos después de ese baile de la Yenka de anunciar la playa perruna y anular el anuncio, aunque una semana después por fin Lago habló.

Tras la polémica salió del ostracismo y declaró: «Vigozoo alojará una nueva familia de monos». Así ya todo queda perfectamente claro. Concretamente queda claro que en vista de que no presenta su dimisión, el alcalde debería cesarla. Pero en estas cosas todo es empezar, y no olvidemos que, además de a Lago, en el mismo lote Font desautorizó públicamente al propio alcalde.

Por medio tuvimos una manifestación al respecto tras la que curiosamente la primera consecuencia fue perder la única playa perruna existente. Quizás la organización no tuvo en cuenta el factor rebote muy frecuente en el Concello últimamente. En cualquier caso, una concentración de casi 400 perros y sus propietarios es una cifra muy notable que merece ante todo la felicitación para sus organizadoras, aunque entristece comprobar que la mayor concentración perruna jamás vista en Vigo se produce para pedir playas y no para exigir mayores medidas y recursos para luchar contra el abandono y el maltrato que sufren.

Quizás colectivamente deberíamos hacernos ver el orden de prioridades. Pero con todo ello sin duda tenemos un problema. Los problemas sencillos acostumbran a tener soluciones sencillas y en este caso solo se necesitan cuatro pequeños pasos. El primero, obvio, es la voluntad del gobierno municipal. Podemos deducir, con base en las reiteradas declaraciones del alcalde afirmando, rotundamente, que este año se autorizaría el acceso de perros a las playas al menos en las mismas condiciones que el pasado verano, que esa voluntad existe.

Si ese compromiso público es real, y teniendo en cuenta que gobierna en minoría, el alcalde debería buscar el apoyo de al menos otro grupo municipal. Esta fase también está superada, pues tanto PP como BNG manifestaron en estas mismas páginas su opinión favorable. Si realmente son ciertas estas declaraciones, y aquí es importante resaltar el condicional porque decir una cosa y la contraria no es excepcional en política, solo falta dar carácter oficial a esa unanimidad mediante un proceso tan simple como añadir una frase a las ordenanzas municipales que prohíben el acceso a las playas entre junio y septiembre.

Para ahorrarles trabajo sugerimos la frase «con las excepciones que, en cada caso, autorice el departamento municipal de Medio Ambiente, que se notificarán al inicio de cada período estival informando de aquellos arenales y horarios autorizados».

Una vez aprobado en pleno el anexo a las ordenanzas, cosa sencilla si realmente existe el consenso que dicen, solo falta la última parte, y ahí le duele: el diálogo. Procurar que los vecinos de la playa o playas propuestas sean los primeros informados directamente por el Concello y no los últimos en enterarse por la prensa, y que ante las muy probables quejas se les escuche (escuchar no es dejarles hablar, sino prestar atención a lo que dicen), se les atienda y se tomen medidas concretas para minimizar las posibles molestias consensuadas entre los distintos agentes sociales implicados.

La experiencia demuestra que llegar a acuerdos entre posiciones enfrentadas es posible. De todas formas, tanto el pasado verano como en la semana del presente, la autorización sui géneris de la playa perruna se amparaba en una muy dudosa legalidad pues se trataba de comentarios en los medios o en las redes sin respaldo oficial, ya que las ordenanzas seguían sin modificarse.

No se trata de un matiz burocrático sin importancia. En caso de conflictos (que un perro muerda a una persona o se peleen entre ellos) los seguros pueden rechazar el pago de indemnizaciones puesto que, legalmente, la playa carecía de autorización oficial. Comprendemos el hartazgo de la policía local teniendo que dar la cara ante semejante chapuza, pero para comprobar si la tercera fase de esta sencilla y lógica solución, es decir, legalizar la autorización, será necesario esperar mucho. En apenas unas horas tendremos el último pleno del Concello antes del letargo estival ¿alguno de los grupos municipales que, unánimemente y sin excepción, manifestaron su apoyo a la idea de habilitar alguna playa para perros en verano presentarán dicha propuesta en el pleno? ¿O bien, tomadura de pelo de PSOE, PP y BNG habemus, lo dejarán correr hasta que pase el verano cuando la decisión ya resulte irrelevante? La solución en un par de días.

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