Supongo, estimado jefe de recursos humanos de la Diputación de Ourense, que viviste tu semana más difícil. Declaraste en el proceso judicial a tu exjefe, expadrino laboral y examigo (¡supongo!), José Luis Baltar. Y lo hiciste no en su contra (pues las declaraciones judiciales siempre son, o deberían ser, a favor de la verdad) sino para clarificar responsabilidades. En aras de no prostituir tu juramento, soltaste que habías advertido a Baltar de la ilegalidad de las 104 contrataciones que le sientan en el banquillo y aseguraste que era él el que colocaba a los enchufados. Imagino que no te fue fácil. Habías llegado a la Diputación en las oposiciones del 98 en las que los hijos de cargos del PP habíais copado las plazas porque, según Manuel Fraga, teníais en los genes un plus de sabiduría. Desde entonces medraste a la sombra de Baltar. Con esos antecedentes, y siendo como eres presidente del PP de Monterrei (¡ya os vale, tu padre alcalde y tú su jefe político!), no imaginé que pudieras sacar de sus casillas a un Baltar que arremetió contra ti: «No me advirtió nunca. Lo que pasa es que ahora tiene miedo a ser inculpado y se inventó esta situación». Me temo que la razón de la ira de tu protector esté en que, entre tantas falsedades que pasaron por el juzgado, tu verdad, quizás la única verdad, ha rubricado en sede judicial lo que todo Ourense, excepto la justicia, sabía desde siempre.