La farsa interminable

Alicia Fernández LA SEMANA DE...

FIRMAS

En este país pasamos de blanco a negro con una pasmosa facilidad. Más asombroso es que en algún drástico cambio se mantiene la gran mentira original ante la pasividad de muchos ciudadanos. Antes fue la negación repetitiva de una evidencia palmaria, a cargo de un insulso leonés llamado José Luis Rodríguez Zapatero; una mentira con mayúsculas del nefasto expresidente del Gobierno. Ahora seguimos con una mentira machacona, como el copón de la baraja, de un gallego pusilánime con mirada perdida llamado Mariano Rajoy. Pero lo más hilarante del asunto es que había antes acólitos del primero que a pies juntillas negaron la crisis aún cuando ellos, sus amigos o familiares la padecían con toda crudeza. Igual que ahora algunos de la infantería del PP tiran petardos para festejar una recuperación que en la calle no ve nadie ni por asomo.

Porque mentir, en política, es muy barato. Incluso rentable. Muchos ciudadanos lo aceptan como algo inherente a esa actividad y lo disculpan. Por suerte, cada día más, están hartos de tanto embuste. No es para menos; cada noticia publicada, cada investigación practicada, nos habla de que el círculo del gran poder económico -que domina al político- hace y deshace a su antojo. Y que los mariachis tocan lo que ellos ordenan, tranquilos en gran medida porque lo de la independencia del Poder Judicial se queda en agua de borrajas.

Lo bueno de todo es que sigan sin explicarse los resultados de las últimas elecciones. O el de las próximas, que seguro les será más duro de digerir. No digo los que mandan. Digo sus respectivas bases que se creen las milongas de sus jefes y se pasan el día en las redes sociales demonizando a los votantes de Podemos, llamando traidores y oportunistas a los compañeros que no les votaron o haciendo declaraciones solemnes de resistencia y no pasarán. Señor, señor.

Les da igual que esta semana, a pesar de muchos impedimentos y trabas, por ejemplo, conociéramos que al menos una compañía eléctrica -los ciudadanos desconfiamos que todas- jugó sucio para alterar el precio de la luz; vamos, un saqueo más a los consumidores. Seguirán pensando que Felipe González, José María Aznar y muchos exministros están cobrando sueldazos en esas mismas compañías por su gran conocimiento del mercado energético y no por los servicios prestados.

O que Núñez Feijoo, día sí día también, nos hable de las bondades de la sanidad gallega, de su salud financiera y presentando siempre datos de reducción de listas de espera; a pesar de que la realidad que padecen los ciudadanos sea bien distinta. ¿Sus forofos no sufren las esperas interminables -incluso en enfermedades muy graves-, el cierre de camas, los servicios de urgencia saturados, el recorte de medicamentos o la reducción de personal con la consiguiente merma de la calidad asistencial?

Hay muchos ciudadanos que dudan de lo que Podemos, u otros movimientos cívicos, puedan hacer. Pero cada día hay más que tienen claro lo que los partidos franquicia han hecho y hacen. Esa es la clave de su éxito.