Los bares verán reducido su negocio con la rápida eliminatoria de La Roja
20 jun 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Gritos, emociones, ilusiones y también frustraciones. El Mundial hay que verlo entre amigos, disfrutando de una buena tapa y de una buena caña, un buen vino o lo que se tercie. Y si la temperatura es buena, qué mejor que la terraza de un bar para disfrutar de los goles. Lástima que España no los metiera, que se despida tan pronto del campeonato y que su eliminación haya sido tan rápida, a falta de jugar contra Australia. Son muchos los establecimientos de hostelería de la ciudad que le dieron la vuelta a los plasmas para que su clientela pueda ver los partidos desde los veladores exteriores. El debut de La Roja contra Holanda, que coincidió en viernes, comienzo del fin de semana, el ambiente en la calle era espectacular. El pasado miércoles, en cambio, cuando los chicos de Del Bosque se enfrentaron a Chile las terrazas con tele seguían más o menos llenas, pero era mucho más fácil encontrar una mesa. «Es que mañana hay que trabajar y la gente se queda en casa», comenta un aficionado que acaba de sentarse en una de las terrazas de la plaza de Curros Enríquez.
Algunos hosteleros se esmeraron en ofrecer mas pinchos para ganar clientes, pero asumen con resignación que sin la selección española en la competición ya no será lo mismo y ni si quiera confían ya en que el partido contra los australianos del próximo lunes vuelva a llenar las terrazas. «Bueno, a lo mejor, como es a las seis de la tarde, cuando hay más gente por la calle, igual sí, pero lo que queda de Mundial ya no será lo mismo para los bares», comenta Juan, camarero de uno de estos locales.
En muchas ciudades españolas, los ayuntamientos sacaron bandos especiales para autorizar la instalación de televisiones en las terrazas de los bares durante el Mundial de Brasil. En Pontevedra no hizo falta. El Concello no es que haya puesto problemas, pero para curarse en salud lo que hicieron la mayoría de los hosteleros fue dejar los plasmas en el interior mirando a la calle a través de las cristaleras. Eso sí, con sonido ambiente en el exterior de la propia tele o de la radio.