Con todo lo que la sociedad española soporta -derivado de la crisis económica, institucional y moral que azota este país sin dejar títere con cabeza- en general, está dando todo un ejemplo de madurez y buena educación; en modo alguno seguido por un amplio porcentaje de quienes la gobiernan en cuanto chiringuito hay en este país de comedia y bilis. Prueba de ello es que son ejemplos contados los ciudadanos que hartos e impotentes ante las barbaridades soportadas a diario se tiran al monte. O, en una versión demócrata al estilo francés o griego, se decantan por partidos extremistas.
El acto de mayor rebeldía ha sido no votar, votar en blanco o hacerlo por un partido con unas ideas «tan extremistas» como la de pedir una auditoría de la deuda para que los sinvergüenzas que ayudaron a crearla paguen por ello, que no se privatice la sanidad o la educación, que se legisle para evitar la pobreza extrema, la lacra de los desahucios o evitar la hemorragia de nuestros jóvenes hacia otros países. Ante este «ataque al sistema» el TDT-party y medios cercanos a los grandes partidos han sacado toda su artillería ¡No para presentar contrapropuestas! Para inundar las redes sociales -¡albricias, descubrieron las nuevas tecnologías!- de las más increíbles mentiras sobre la cara visible de esa formación. La mayor parte tan primarias y burdas que solo los ultras de esos partidos, o los tontos del culo, se las pueden tragar; otra cosa es que algunos las propaguen por disciplina.
Esto encaja en una sociedad que habla un idioma diferente a los que la dirigen. Unos ciudadanos que cada día asisten al más difícil todavía de la incompetencia y la imbecilidad. Y el riesgo de los gobiernos de estúpidos es que hagan normas estúpidas, que luego serán aplicadas por una cohorte de autómatas y prepotentes funcionarios públicos con alegría. Incluso por aquellos que son eficientes y honrados -que hay muchos- y lo hacen a su pesar.
Un ejemplo. Que la DGT es un aparato de recaudación al servicio del Estado ya no lo duda ni Chanquete. Aún siendo un problema ¿es tan grave la situación del tráfico como para dedicar tantos medios técnicos y humanos para perseguir a golpe de multa a los conductores? ¿Por qué sino se premia a los agentes por sancionar? ¿Por qué se basa todo el sistema punitivo en sanciones económicas cada vez más altas?.
Otro: unos jóvenes portan una pancarta sobre los Borbones, improcedente y fuera de lugar, en una manifestación en Boiro, pero casi me parece más desafortunado que el asunto acabe en la Audiencia Nacional ¿Quién se tomó eso como una amenaza «real»?
Súmenle que un ciudadano sea condenado a siete meses prisión por robar fruta o que dos sindicalistas, por resistencia pasiva, tengan que ingresar tres años en la cárcel y, al tiempo, que un exconsejero valenciano, condenado por trincar varios millones de euros de ayudas sociales, la evita con una fianza de 200.000 euros ¡cuando tenía las cuentas embargadas! Por todo eso los ciudadanos creen cada día menos en el sistema y en quienes lo defienden a ciegas. No por Pablo Iglesias.