Remedios Fernández Novo vivió dos años entre la élite política de la Cuba de los años cincuenta. Era prima de la primera dama y del general Fernández Miranda
27 may 2014 . Actualizado a las 07:00 h.En 1953, Isabel II sucedía a su padre en el trono de Inglaterra, Fulgencio Batista cumplía un año en la presidencia de Cuba tras un golpe de estado y Remedios Fernández vivía con su padre agricultor y sus hermanos en la parroquia chantadina de San Fiz. En Cuba había prosperado un hermano de su padre. Marta, una de sus tres hijas, se había casado con Batista en 1942. Su único hijo varón, Roberto Fernández Miranda, era general y acababan de nombrarlo máximo responsable de Deportes. Cuñado de Batista, era uno de los hombres fuertes del régimen. Roberto viajó a Londres en junio de 1953 para representar a su gobierno en la coronación de la nueva reina. Y después, aprovechó para visitar a su familia de Chantada e invitar a Remedios y a su padre a marcharse con él. Aceptaron y cruzaron el Atlántico.
Ella recuerda aquella Habana de 1953 como una ciudad «preciosa». Primero los alojaron en una casa entre las calles Ánimas y Prado, a un paso del Capitolio. Y poco después se mudaron a otra en el también céntrico barrio del Vedado. Les habían preparado una vida regalada.
-¿Remedios, en que traballaba alí?
-¿Eu? Eu andaba de paseo, con coche e chófer uniformado.
-Pois non era mala vida.
-Penso que non [risas].
Con solo 20 años, aquella chica de San Fiz se vio en medio de la élite de la convulsa Habana prerrevolucionaria. Batista recibió con los brazos abiertos a los parientes gallegos de su esposa, pero a ella le atormentaba quedar mal. «Eu sufrín, si -admite-, porque era consciente de que non estaba á altura daquela xente». Remedios había llegado a Cuba sin formación y sin saber nada de lo que pasaba allí. «Saía dunha aldea e daquela non había televisión nin radio, ía cega», cuenta.
Ella y su padre se marcharon de Cuba en 1955, cuatro años antes de la revolución. La razón es simple. Remedios no acabó de acostumbrarse al clima y a la comida del Caribe: «Sempre tiña unhas décimas de febre, molestias de estómago... cousas así». En San Fiz le esperaba la vida que había dejado. Trabajó en el campo, se casó, tuvo un hijo, enviudó, y años más tarde se volvería a casar y se mudaría al barrio de Merlán, también en Chantada, a la casa en la que vive ahora.
Viuda desde el 2007, a Remedios ni se le pasa por la cabeza visitar de nuevo Cuba. Le daría mucha pena ver cómo ha cambiado aquella ciudad preciosa que conoció hace sesenta años. Eso sí, mantiene intacto el recuerdo de aquellos años y el contacto con los hijos de su primo Roberto, que murió en el 2009 en el exilio de Miami. «Era como o meu segundo pai», dice.
«Saía dunha aldea e daquela non había televisión nin radio, ía cega»