Tres arquitectas imparten talleres para niños centrados en las destrezas
14 may 2014 . Actualizado a las 07:00 h.¿Cómo se explica a un niño de 5 años por qué no se cae un edificio? «Poniéndoles como ejemplo el mundo arquitectónico de los animales: contádoles cómo un pájaro construye su nido con materiales que transporta con su pico para luego entretejerlos, o cómo una araña emplea hilos que soportan pesos considerables». Marta Guirado es una de las tres arquitectas que hace medio año decidió posponer una posible emigración y hacer frente a la crisis de la construcción desde fuera.
Ana Barreiro y África Martínez la acompañan en una aventura llamada Taller Abierto, que pretende potenciar ciertas habilidades fundamentales de los niños a través de talleres artísticos.
Arte primitivo, arquitectura, espacios en el cuadro (un estudio sobre las dos y tres dimensiones, y cómo son complementarias), diseño, animales en el arte, e inteligencia visual (ilusiones ópticas, percepciones, etc) son los temas de los talleres que se han impartido en lo que va de curso.
Comienzan ahora uno de los más arriesgados, el «libro de artistas», un diario creativo en el que todas las disciplinas están admitidas. Todas menos la goma de borrar. «Cuando se equivocan les incito a que arreglen el error integrándolo o cubriéndolo con otro objeto», señala Martínez.
«Potenciamos la creatividad, más que la técnica, porque es la que en el futuro puede servir para desarrollar otras muchas habilidades, como la resolución de conflictos en una empresa, o la imaginación en el caso de otras profesiones. No pensamos en que vayan a ser artistas», añade.
Las expresiones creativas son, más bien, el vehículo que utilizan las jóvenes empresarias para trabajar cinco habilidades: la competencia comunicativa (no solo verbal); la comunicación gráfica; las relaciones personales (entre ellos y con las monitoras); la competencia social y ciudadana, y la educación en valores; y la competencia cultural y artística.
Se trata, aseguran las tres arquitectas, de fomentar la inteligencia múltiple, no encajonada en departamentos estancos según cada disciplina artística.
Y es que la edad es, en muchas ocasiones, un freno más que una ventaja. «Si un adulto ve que no le sale bien un dibujo se frustra, lo deja y no quiere volver a dibujar», asegura Ana Barreiro; de ahí, que prefieran los alumnos, cuanto más pequeños, mejor, aunque en sus clases hay pequeños de 4 a 12 años. «Los niños vienen como programados, no se atraven a hacer nada sin pedir permiso», añade, «tienen miedo a no hacerlo bien».
Otra característica de Taller Abierto es el lenguaje que se emplea con los alumnos. «Me niego a rebajar el nivel; les explicamos las palabras las veces que haga falta, pero pueden entenderlas perfectamente», apunta Guirado. Aunque algunos llegan ya con un léxico que sorprende incluso a las arquitectas.