Le molestan los abusos de los monopolios y los encara «con fuerza»
05 may 2014 . Actualizado a las 07:00 h.La plaza de Praterías y A Quintana, porque reflejan la grandeza monumental y porque en la Quintana me fascina escuchar mis propios pasos
César nació en Vicedo y es un santiagués a muerte. Sus padres le inculcaron una buena orientación cultural que nunca termina de agradecer. Tras su periplo educativo en A Coruña, desembarcó en Compostela en 1965 para estudiar Derecho, y lo primero que verificó es que ya no podía seguir practicando el atletismo, como en A Coruña, por falta de pistas adecuadas.
En el campus compostelano vivió los rescoldos del mayo francés. «Había unas ansias de libertad que vivías con ilusión porque significaba la transformación de la Universidad», dice César, quien destaca la riada de actos culturales en el escenario universitario. Su promoción aportó profesionales «muy buenos» y muchas caras conocidas: Lendoiro, Luciano Varela, Cibeira o José María Calviño.
El mismo Rúa los convoca periódicamente para revivir en torno a un yantar viejos tiempos, y al menos medio centenar acuden siempre.
Durante sus estudios, César ejerció de guía turístico y libró a sus padres de la paga estudiantil. Tras licenciarse se dedicó a asesorar a empresas hasta que montó su propio despacho. «La gente viene y quiere que la escuches. Y te lo agradecen mucho porque hoy nadie escucha a nadie», relata. Divorcios, embargos, problemas empresariales,... van desfilando por el diván jurídico de César Rúa: «Lo que no se puede es engañar nunca al cliente». Ni tampoco al juez: «No tiene sentido, porque luego saben que eres un abogado tramposo». En ese sentido, Rúa resalta que el «boca a boca» es fundamental en la abogacía.
¿Y por qué esa mala fama que salta a menudo? «Dicen que se venden y esas cosas, pero no es verdad. Desde luego aquí en Santiago son buenos profesionales y buenos compañeros».
Hay casos, como el de las pequeñas empresas, que a César le duelen: «Las pequeñas empresas no tienen ningún apoyo por parte del Gobierno y de las Administraciones, y las pasan canutas para llegar a fin de mes. Eso te llega al alma». Dolor lo hay asimismo en los desahucios («que la nueva ley vino a suavizar») y en muchas rupturas familiares con hijos por medio: «Los pleitos que nunca se acaban son los divorcios en donde hay hijos». Tampoco soporta César los abusos de los monopolios: «Te cabrean y encaras esos casos con fuerza».
Con arrestos
Rúa desempeñó la Dirección Xeral de Servizos en la Xunta de Laxe: «Me llamaron esencialmente para hacer una labor de gestión administrativa, como abogado que era de empresas». Los jueces también le requirieron en una ocasión para presidir una junta general de la SAD Compostela a fin de abordar la destitución de Caneda: «Creo que tuve arrestos, porque ahí si te dejas, te comen».
Al salir del despacho, que comparte con su hija Maite, Rúa se hace todos los días siete kilómetros. Es un senderista empedernido que ha recorrido varias veces el Camino y que muchos fines de semana o puentes asciende áreas montañosas del país. Su debilidad son los Picos de Europa: «Subir montañas me encanta». Es uno de esos hombres de frenética existencia para quienes el día tiene 48 horas. Seguramente resida ahí uno de los secretos de su vitalidad: «Espero no jubilarme nunca, sino parece que se me acaba la vida».