Fotoescultura de Santi Barreiros y Nitro Contreras
28 abr 2014 . Actualizado a las 06:00 h.«¿Quién sabe si quizá todo el amor mío no fue más que un engaño de los sentidos, de la fantasía?» Dostoievski.
Un magnifico viaje al mundo de los sentidos es el resultado del proyecto expositivo que integra en una perspectiva única la mirada de dos grandes artistas del panorama plástico contemporáneo en una fusión de disciplinas, en las que se suman y completan, constituyendo obras de excelente calidad tanto formal como conceptual. Santi Barreiros subraya la fuerza emocional en sus fotografías, experimentando con la idea de espacio finito e infinito o perceptivo para emplazar los elementos compositivos que hacen que la imagen trascienda en una poética de vacíos que se pliegan entre el volumen recortado y estéreo de la escultura de Nito Contreras y nuestra imaginación.
El espectador, varado entre las olas, configura la composición a través de la información que sugieren las formas, texturas, ejes, los caminos visuales definidos, buscando reconocer en la simetría de los elementos la imagen. Una imagen que se desvela en su espacio mas intrigante superando los límites del encuadre, abstrayéndonos de lo obvio para ver lugares que se dilatan hacia un espacio incierto y difuminado, descentrado y borroso como la memoria, y solo perceptible por los sentidos que crean ese espacio atemporal y suspendido con la introducción del vacío como no lugar.
Un espacio negativo con valor de aislamiento y disposiciones que provocan tensión con la ingravidez de las formas que Nito dibuja como levitando, armonías abstractas con sonido de palabra, en la alienación del objeto en un emplazamiento cerrado para provocar una sensación positiva de libertad en su poética de luces y hueco.
Los picados de Santi Barreiros generan texturas magnificando el espacio del agua y alienando los objetos degradados. La imagen se percibe inmediatamente sin referencias, ya que lo sensible no hace inferencias. Las causas, afectos y apariencias vienen dados por el impulso de racionalizar la información sensorial y los estímulos en un intento de hacer mesurable lo infinito. Un tema de Chemical Brothers crea una atmósfera integradora mientras se proyecta la inmensidad de la naturaleza congelada en un instante de eternidad. Un espacio sacer, sacro, panteísta y totémico que escapa a la percepción del campo óptico y lo trasciende.
Una materialidad corpórea expresada en las texturas, rugosidades y perfiles de las imágenes y en las formas y uso de los materiales pulidos de brillo metálico, los aluminios, ásperos y oscuros en las lijas, estimulante y blanda de la cera y etérea y volátil del papel.
Las paredes se humedecen por el pulso de la ola. Sientes el escalofrío de la piedra bajo la espina dorsal de sus grietas de templo. Un intenso olor a sal, a escamas, a lluvia y arena en los bolsillos. Una naturaleza frenética en blanco y negro henchida de espuma de mar, de enfoques y desenfoques que referencian en intensidad dramática a Vari Caramés.
La verdad se vuelve paradoja. Raíces que son bocas, espinas de rosal y zarza que apuntan con sus aguijones con una amenaza constante. Extraños matices en las hendiduras de las rocas descubren pinturas rupestres y espirales fósiles olvidados sobre las huellas en la arena. Una roca se abre como una pretérita vagina de la madre tierra, como en un rito ancestral la naturaleza caos y sus cicatrices se integran en espacios artificiales construidos que sin romper el paisaje generan nuevas percepciones.
Las fotoesculturas de Barreiros y Contreras constituyen un nuevo concepto de plástica integradora. Sus obras se mimetizan sin transiciones generando un todo rotundo, una creación total, una obra de arte absoluta y definitiva. La excelente elección de los materiales y su originalidad refuerzan los múltiples canales cognitivos que despierta la obra, integrando en la imagen el dibujo y el volumen de extrañas caligrafías y calidades en su juego de masa y hueco, luces y sombras, lo evidente, lo oculto y lo orgánico como extrañas cartografías. El constructivismo y primitivismo de tradición geométrica que reivindica Oteiza, Chillida y el Equipo 57 y su abstracto geométrico, compartiendo la Teoría de la interactividad del espacio plástico en su preocupación por la forma interior y los valores de masa y el espacio circundante que estructuran arquitecturas en las que la naturaleza se introduce como un elemento más en su lenguaje de ritmos lineales y modulación del espacio, como Moore, Barbara Hepworth, Paolozzi, Caro o Vitkin.