La presidenta de la Asociación do Párkinson dialoga con su dolencia
07 abr 2014 . Actualizado a las 12:30 h.Carmen Guillín Gendre
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Profesión
Ex peluquera y presidenta de la Asociación de Párkinson
Rincón
La rúa de San Pedro, para mí un sitio ideal
Carmen, al salir de la escuela, cuidaba vacas en los pastizales de Enfesta. Para no aburrirse hacía teatro como única actriz en el prado. A veces se metía en la piel de cuatro o cinco personajes en una pieza. Era feliz viendo llegar a la estación de tren a los festeiros de San Cristovo, el patrón del lugar. El jefe de estación vivía de alquiler en su casa. En Enfesta se casó y siguió trabajando en la peluquería de su prima en A Costa Vella, en la que había entrado a los 17 años.
Le gustaba la manicura. «Distinguía aos clientes con só verlle sas uñas», dice. Para ella la elegancia de una mujer tiene mucho que ver con el peinado, los zapatos y las manos. Con eso una puede embutirse en una indumentaria humilde: «A elegancia está en levar poucas cousas de forma axeitada». Le gusta la imperfección, porque permite la originalidad. A perfección sería «unha cousa aburrida».
Y llegó el año del antes y el después: 2005. Le diagnosticaron párkinson con 41 abriles. Fue un golpe brutal, y a la vez «un regalo». ¿La paradoja? «Notei un cambio, como se non estivera satisfeita coa vida de antes». Se separó. Convirtió en un amigo «interesado» al párkinson e incluso escribió una pieza en la que ella dialoga con la enfermedad. Asume durante diez minutos el rol de actriz e interpreta el diálogo ante el redactor.
Buscando algo, «non sei que», hizo el Camino de Santiago desde Francia. Empleó treinta y tres días, en los que le dio tiempo a meditar: «Decidín que o párkinson no dirixiría a miña vida. E se eu non podía co inimigo, uniríame a el. Non e unha amizade sincera, senón interesada».
La timidez no le impidió, en el 2008, promover y dirigir la Asociación do Párkinson de Santiago. La prensa difundió su mensaje y el doctor Castro, neurólogo, apoyó su andadura. El médico le habló de ponerle unas bombas en la espalda, y ella le replicó: «Son pacifista. E presumida». ¿Presumida? «Ata a morte. Sempre sairei mais guapa ca nunca da casa».
Vive la vida con intensidad, «ás veces, de máis», pero lo que no puede es rebasar las limitaciones físicas del párkinson: «A miña cabeza vai á mesma velocidade de antes, pero o corpo é máis lento. É un problema de reaxuste». Otras personas no rezuman su vitalidad: «Síntome satisfeita, pero valoreime eu».
En las foliadas
Suele acudir a las foliadas de As Crechas, y en una ocasión no fue capaz de coger las pastillas del bolso. Le pidió ayuda a una amiga: «Choramos de emoción as dúas, porque era a primeira vez que tiven que pedir axuda dese xeito».
Una pequeña vocación que descubrió con el párkinson es su afición por la pintura. Ha hecho alguna exposición, una de ellas en la Cocina Económica. También diseña mermeladas artísticas. Le muestra al redactor la foto de una hecha con moras y «fiunchos». Y la valora: «Deliciosa, un exitazo».
Se siente en familia con la Asociación do Párkinson, e incluso comparte emociones con los foráneos. Durante un festival en el Toural, en donde tocaban sus ídolos de A Quenlla, se le acercó un peregrino alemán que acababa de culminar el Camino. No hablaban el mismo idioma, pero tenían algo en común: el párkinson: «Non nos entendiamos na fala, pero acabamos chorando abrazados».
compostelanos en su rincón Carmen Guillín Gendre