Hay unos 50 antisistema violentos

alberto mahía A CORUÑA / LA VOZ

FIRMAS

Las autoridades, que dicen tener a estos grupos «muy controlados», constatan un endurecimiento de sus acciones en la ciudad

01 abr 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

En A Coruña no llegan a cincuenta los jóvenes vinculados a grupos antisistema que han protagonizado algún episodio violento o que están dispuestos a protagonizarlo en un futuro. No hay más. Y la policía les puso cara a todos ellos. Dicen desde la comisaría coruñesa que los tienen «más que controlados»; si bien de un tiempo a esta parte sienten que están mejor organizados y varios de ellos han pasado de simpatizar con esa ideología a pasar a la acción. Lo ocurrido el pasado sábado en San Andrés, cuando un grupo de jóvenes causó destrozos en el mobiliario público y en entidades bancarias, es una muesca de su endurecimiento.

¿Quiénes son?

No pertenecen a un mismo grupo o plataforma, sino a varias. En A Coruña existen algunos colectivos relacionados con el movimiento okupa o sectores independentistas (Ocupacorunha, Abordaxe, Grupo Axitación Social, Galiza Libertaria...) que si bien no firman actos violentos ni los secundan -se dedican a organizar actividades culturales, principalmente-, sí lo hacen algunos de sus simpatizantes o personas que se mueven en ambientes cercanos. Lo que parece claro es que en ningún modo se puede criminalizar a esos colectivos que han destacado en los últimos años por ofrecer amplios programas culturales y sociales. Carecen de un grupo de socialización de referencia.

¿Tienen un líder?

En estos grupos no existe un líder ni una voz cantante. Tienen carácter asambleario, en el que todos tienen voz y voto y no obedecen más órdenes que las que salen de la mayoría. Si en alguna ocasión alguien se ha distinguido del resto fue en momentos muy puntuales, cuando precisan denunciar algo y necesitan que uno coja el micrófono. No existe, por tanto, una jerarquía. Simplemente, se reparten los papeles.

¿Qué actos vandálicos protagonizaron?

El episodio más violento que vivió la ciudad protagonizado por jóvenes antisistema se produjo en abril del 2011, coincidiendo con el desahucio de la casa okupa de las Atochas. Decenas de personas tomaron las calles del centro con antorchas y muchos de ellos destrozaron todo a su paso. Y justo tres años después, cuando de nuevo se produjo un nuevo desalojo de otra casa okupa (hace una semana en Palavea), volvieron los actos vandálicos con el altercado en San Andrés. La policía no tiene duda alguna en relacionar ambas cosas.

¿Cuántos coruñeses simpatizan con la causa antisistema?

La policía calcula que serán en torno a los doscientos. Pero activos, dispuestos a cubrirse el rostro y enfrentarse a los antidisturbios y a los contenedores serán unos 50, «siendo generosos», según fuentes policiales. Hace un año eran menos. Muchos de los que hoy participan en disturbios se limitaban hace un año a participar en charlas en las que se les adiestraba en el enganche ilegal de la electricidad o de cómo poner trampas a los antidisturbios, pero sin llegar a ponerlas. Hoy se manejan con los manuales de «guerrilla urbana» en sus mochilas.

¿Qué piensan?

Los antisistema encuentran en esta «ideología» una vía para terminar con el ordenamiento democrático, al que culpan de la situación actual. Según informes policiales, una vez señalados los «culpables», los jóvenes no dudan en utilizar la violencia como único instrumento que les queda a los «indignados».

¿Cómo actúan?

Cuando la convocatoria es pacífica, no tienen reparos en infiltrarse en la manifestación, desobedecer las instrucciones de los organizadores y, camuflados entre la multitud, causar incidentes. Para ello, celebran previamente asambleas. Se sienten muy cómodos cuando la concentración es numerosa, porque utilizan a la multitud como «escudo humano» para evitar su localización, identificación y arresto. Los disturbios suelen registrarse cuando ya ha concluido la manifestación. Se colocan junto a personas que conocen para evitar la posible vigilancia de agentes de Policía camuflados y es en el seno de este pequeño grupo donde organizan sus desmanes. Acuden a las marchas con pasamontañas o pañuelos y con material susceptible de ser utilizado como artillería.