Fernando Adarraga y el otro golf

El coruñés acumula cada año unos 40.000 kilómetros en viajes por medio mundo para llegar a los principales circuitos

PERÚ. El jugador coruñés se quedó cerca de entrar en el circuito de la PGA de Latinoamérica.
PERÚ. El jugador coruñés se quedó cerca de entrar en el circuito de la PGA de Latinoamérica.

redacción / la voz

Becado como adolescente en la residencia Joaquín Blume de Madrid, Fernando Adarraga persigue paso a paso su sueño de alcanzar el circuito europeo profesional. Mientras no llega su momento, el coruñés, que encarna el otro golf profesional, que queda fuera de los telediarios, se agarra a una cita del mito, de Severiano Ballesteros. «Dijo que ?no se consigue nada sin esfuerzo y lo que se consigue sin esfuerzo no lo aprecias ni valoras?. Así que disfruto del momento, de cada torneo, de los entrenamientos. El camino hacia el éxito, llegues o no, es apasionante». Su camino volvió a empezar de nuevo en el 2009, cuando se hizo profesional, aunque no pudo competir desde el primer momento. Y ahora recorre unos 40.000 kilómetros cada temporada para labrar su porvenir. Esta semana compite en Francia. Al margen de Marta Silva, ningún otro golfista gallego viaja tanto.

Primero, ahorrar como profesor

Con el curso de técnico deportivo en golf en su poder, cuando se hizo profesional, Adarraga orientó sus primeros años hacia la enseñanza, en Guitiriz, Río Cabe (Monforte) y Villaviciosa, «con el objetivo de ahorrar el máximo dinero y ponerme a competir». «Esta época me marcó. Seguía los torneos de mis compañeros por internet y cada día acumulaba más ganas por que llegase el día de poder volver a competir con ellos. Por fin ese día llegó y fue antes del tiempo que había imaginado gracias al apoyo que me prestó mi ahora mentor, Javier Alonso. Me apoyó económicamente y me aconsejó para dirigir mi carrera», explica el coruñés, ahora con 25 años.

Catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid, Alonso fue su alumno en Asturias y terminó respaldando su salto al campo profesional. «Es mi mentor en el sentido de que es la persona a la que pido consejo, me guía, me enseña, me transmite valores...», añade Fernando Adarraga.

Primer torneo, lesionado

En septiembre del 2012, Fernando Adarraga empezó a viajar y a disfrutar del camino, que se empinó desde el arranque. «Me caí por las escaleras la noche anterior del primer torneo que jugué del Alps Tour, en el Caribe, y me hice una fisura y esguince en la costilla. Como es una lesión que no se podía agravar, decidí intentarlo. No había ido hasta allí para luego no jugar. Acabé décimo clasificado. Aún no sé como lo hice porque el dolor los tres primeros días era insoportable», recuerda.

Luego empezó a patear países, de Egipto a Perú, de Austria al Caribe, con unos gastos aproximados de unos 20.000 euros anuales, con Ema4 como empresa patrocinadora y fichado por Wilson, compañía de material de golf.

Con el Alps Tour como prioridad, Adarraga también juega torneos del circuito francés, el gallego y alguna cita del Challenge para completar su calendario. Disputó también hace unos meses las previas del PGA de Latinoamérica y del tour europeo, y descarta intentarlo en Asia por la incomodidad de jugar allí durante muchos meses al año.

Fernando Adarraga evita fijarse retos a un plazo demasiado largo. Se encuentra volcado en mejorar cada semana, en salir de cada torneo siendo mejor jugador que en el anterior, pero también cuantifica sus objetivos de esta temporada en ganar algún título -fue cuarto en dos citas del Alps la temporada pasada y rozó la victoria en uno de ellos- y en ascender al Challenge Tour. «¿A quién no le gustaría jugar el European Tour? Llegaré cuando sea el momento», responde sobre esa posibilidad.

Diferencias con las estrellas

Fernando Adarraga explica los matices que diferencian a los integrantes de los diferentes circuitos profesionales. «Cualquier jugador entre los 50 primeros de la orden de mérito del Alps Tour, en una semana buena, puede hacer un gran papel en cualquier torneo del mundo. Lo pones junto a otro del European Tour en la cancha de prácticas y no notas la diferencia, pero los llevas al campo y ya te das cuenta de quién es el bueno», explica, porque este último «no tiene una semana buena, sino casi todas». La regularidad marca la diferencia en un deporte como el golf en el que «el número uno pierde con el número 100» con frecuencia.

Al empezar a competir como profesional se estableció en Madrid, por las facilidades que le ofrecía para entrenar y viajar desde allí con continuidad. Se ejercita en Golf La Moraleja, con el ferrolano Hugo Amado como entrenador técnico y Miguel Ángel Bueno «como coach, una especie de psicólogo, pero mucho más que eso». Y también está Andrea, su novia, que le brinda su apoyo incondicional.

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