Los residentes presentaron una denuncia colectiva ante la Guardia Civil
24 ene 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Hasta siete vecinos del mismo edificio de Sada acudieron el pasado miércoles por la noche al cuartel de la Guardia Civil a presentar denuncias contra la misma persona. Esa tarde recibieron la gota que colmó un vaso que lleva llenándose diez años. Su vecina del quinto, Milagros, se recorrió todos los pisos armadas de espráis de pintura sin perdonar paredes ni puertas, alternando dibujos de caras sonrientes, cruces y mensajes de concordia que poco tenían que ver con sus propios actos. «Viva la familia», «Paz y armonía», o el enigmático «Viva el Rispordal», en alusión al Risperdal, uno de los medicamentos que, según los vecinos, forma parte del tratamiento de Milagros. «Y cuando no lo toma, pasan estos episodios, estamos hartos», señala Roberto Maio, presidente de la comunidad del número 5 de la calle Compostela, una vía próxima al centro de salud de Sada, y que desde el miércoles también tiene un curioso grafiti de corazones y caras en el portalón del garaje.
Las pintadas fueron el vestigio de una tarde para olvidar, pero no lo más grave. Porque la peor parte se la llevó una vecina de avanzada edad que se enfrentó a la polémica residente mientras pintarrajeaba las paredes. «Tuvieron que atenderla los médicos, se puso muy nerviosa y cuando la fueron a socorrer tenía las manos y la ropa pintada», explican. De hecho, ni la víctima, ni otro vecino colindante con la puerta de Milagros pasaron allí la noche del miércoles.
Desde las seis de la tarde, cuando se conocieron los hechos, el exterior del edificio se llenó de agentes de la Policía Local y posteriormente de la Guardia Civil. «Esta señora ha amenazado de muerte a medio vecindario», espetó Roberto Maio. «Un día va a ocurrir una desgracia y entonces solo quedará lamentarnos», insiste.
Según el propio presidente de la comunidad, el hermano de Milagros se desplazó ayer desde Madrid para hacerse cargo de la situación, que se prolonga ya por una década. «Hoy mismo [por ayer] acompañé a mi mujer hasta el coche porque no me fio de lo que pueda hacer esta señora», explica sobre la vecina que ya es harto conocida por la Guardia Civil de la localidad.