Los programadores y las salas estables de Ourense aluden al retraimiento de los espectadores por la situación económica y a la necesidad de evitar las coincidencias
19 ene 2014 . Actualizado a las 06:00 h.La crisis económica, junto a la demoledora subida del IVA para las actividades culturales y a la falta de coordinación en la programación, son el común denominador al que aluden los propietarios de los locales de la ciudad que ofrecen conciertos de forma regular o los programadores de los mismos. Para Diego González, de Lestrato, «hoxendía a cousa está fastidiada: hai poucos cartos e moita programación. O que non pode ser é que haxa cinco concertos á vez en Ourense, dirixidos a un mesmo público potencial, porque a cidade non ten potencial para tanto». Lestrato programa con el Café Cultural Auriense y la Sala Berlín y desde esta última Xocas, que está al frente de la misma junto a José Antonio Franco, coincide en la apreciación: «Hai demanda, pero poucos cartos, e no sector contraprogramámonos a nós mesmos. A xente sabe o que quere, o público de Ourense non é idiota, pero obviamente ten que medirse polo prezo das entradas e a oferta, en base aos concertos aos que quere ir». La Sala Berlín organizó cerca de 60 actuaciones en el 2013 y para el de Heredeiros da Crus las entradas «esgotáronse en tres ou catro horas, un mes antes». La sala cuenta con un aforo de 500 plazas.
Espacios con capacidad reducida (Miudiño, Auriense o Torgal, entre otros) se han convertido en referencias inexcusables a la hora de disfrutar de actuaciones musicales en la ciudad. El paradigma del panorama de conciertos en la ciudad es el Torgal, con ciclos como el American Autumn o su presencia en el Son Estrella Galicia. Sus 90 plazas a la venta cuelgan el «entradas agotadas» en la práctica totalidad de la veintena de conciertos que programa al año. El Latino es otro de los espacios con una trayectoria consolidada y un público fiel.
Festivales
La ciudad ha consolidado su oferta con el Derrame Rock y Reperkusión. Enrique Granda (Derrame) y Xurxo Seara (Reperkusión) son a la vez programadores. Ambos coinciden en que la crisis ha afectado al sector, obligando a revisar cachés, gastos de organización y precio de las entradas para garantizar la continuidad de los proyectos.