Frustración y desconfianza

FIRMAS

Será cierto que es buena noticia que no haya noticias. Eso dice el viejo aforismo periodístico. No news, good news. Pero el nuevo aplazamiento en la adjudicación de los floteles que Pemex comprometió hace quince meses con Galicia es inquietante. Porque las obras, que se anunciaron con todo el aparato propagandístico y en vísperas de unas elecciones autonómicas, tenían que haber comenzado en el primer trimestre de este año. Y ya parece difícil que comiencen en el primero del próximo.

La ausencia de la noticia que hoy esperaba Galicia de México -la adjudicación de los contratos a Navantia y a Barreras-, y a falta de explicaciones más concretas, puede ser producto de la meticulosidad con que, al parecer, Pemex quiere cerrar el concurso. Haber anunciado a bombo y platillo, con abrazos al presidente de la Xunta y a los máximos representantes de Navantia y Barreras, que se harían los dos barcos en los astilleros gallegos obviando que la ley exige realizar un concurso internacional, obligaría ahora a no dejar ni un cabo suelto que acabe con la reputación de la petrolera mexicana en los implacables mercados. Podría ser una explicación, pero tampoco debe extrañar que cada vez más gente se pregunte qué es lo que está pasando, por qué se encadena un retraso con otro si todo estaba atado y bien atado.

Frustración es lo que pueden sentir las personas que confiaron en que el anuncio de septiembre del 2012 era realmente un acuerdo firme para empezar a cambiar la derrota de un sector naval muy castigado. Y desconfianza, porque por mucho que con la aparición de las primeras dificultades se apelase a que se trata de un acuerdo netamente comercial, el anuncio fue un acto de marcado carácter político. Incluso se llegó a decir que Feijoo, el mismo que conminaba a Navantia «a mover el culo», era el mejor agente comercial de los astilleros gallegos.

Habrá que mantener la confianza en que el acuerdo de hace quince meses dará frutos. Pero de momento el año 2013 termina sin floteles.