Un total de 27 árbitros gallegos de fútbol menores de 30 años participan en el programa de Talentos y Mentores encaminado a mejorar su nivel
30 dic 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Formar a los mejores árbitros, tanto en el aspecto técnico como en el humano, es el gran objetivo del programa de Talentos y Mentores, puesto en marcha hace dos años por el Comité Nacional de Árbitros de Fútbol. En Galicia, el ferrolano Julio Amoedo Chas es quien se encarga de la coordinación de esta iniciativa que afecta a 27 de los 40 colegiados gallegos de Tercera División, ya que están excluidos los mayores de 30 años: «Ahora se prima a la gente joven, las nuevas generaciones pisan fuerte, tienen una gran capacidad de absorción y de adaptarse a las nuevas tecnologías. El arbitraje gallego tiene un nivel espectacular y algunos un talento excepcional», destaca Amoedo Chas.
Prohibido fallar
Entiende que promocionar a los jóvenes es fundamental aunque advierte de que en su justa medida: «Un futbolista con 16 o 17 años, que es un crac, puede pasar en una semana de jugar en juveniles o un filial a hacerlo en Primera División, porque el entrenador del primer equipo lo convoca. Si falla se le perdona. En el mundo arbitral, por mucho talento que haya por el medio, es imposible que un joven de 16 o 17 años dirija un partido en la máxima categoría. El aprendizaje requiere un trabajo laborioso y necesita su tiempo de maduración para que alcance lo más alto en las mejores condiciones posibles. Los árbitros, especialmente en fútbol, no pueden fallar, no se les perdonan los errores», subraya.
El aporte de los veteranos
Explica que los tutores y mentores son tanto colegiados en activo como otros que han dejado el arbitraje hace muy poco: «Los profesionales más veteranos tienen mucho que aportar, toda la experiencia acumulada durante muchos años de trayectoria. Intentamos que se la transmitan a los que empiezan. Tradicionalmente los árbitros hemos aprendido a base de error-acierto, con el día a día. Con esta nueva iniciativa, queremos acelerar este proceso, que además está apoyado en las nuevas tecnologías. Los partidos de los jóvenes se graban en vídeo y se analizan con ellos todas las acciones conflictivas. Con este sistema de trabajo los plazos en cada categoría se acortan», explica.
Insiste en que cuando habla de formar a estos profesionales no se refiere solo a aspectos, físico, técnico o táctico: «Detrás de un árbitro hay mucho trabajo, incontables pruebas y exámenes, pero también queremos formarlos como personas y en valores importantes, que cuidamos con el paso de los años, como el compañerismo, la convivencia o el respeto. Un colegiado nunca puede perder los papeles, aunque su corazón esté a 190 pulsaciones. El autocontrol es fundamental», asegura.
«No se habla de agresiones»
A los jóvenes colegiados de fútbol se les forma en todo, desde las tanganas, situaciones irregulares, de estrés o alarma para el árbitro aunque se eluden las agresiones: «A nadie se le puede preparar para hacer frente a una agresión. A los árbitros ya se nos considera deportistas y las agresiones han desaparecido o se dan muy puntualmente».
A Amoedo Chas le duele que se cuestione el arbitraje español y que se diga que no llegan los mejores sino los enchufados: «El arbitraje español está considerado como el mejor del mundo. En las reuniones de la UEFA o FIFA la gente se pone firme cuando hablan Velasco Carballo, Mateu Lahoz o Undiano Mallenco, son referencias. Los problemas en este colectivo vienen propiciados por el carácter latino de los futbolistas y porque se aplaude a quien consigue engañar al colegiado al fingir un penalti o una agresión. En el mundo anglosajón este tipo de hechos se recrimina. Además, es España se mira todo con lupa y el árbitro, que toma una decisión en un segundo, tiene que competir con 20 cámaras, que la repiten veinte veces a cámara lenta. Los árbitros siempre que viajamos llevamos el error en la maleta, intentamos que no salga aunque asoma la cabeza. Nuestra meta es que sea el menor número de veces posible».
Sobre las criticas constantes hacia estos profesionales es algo que se lleva implícito: «Está escrito en nuestro código. Desde que entramos en este mundo sabemos que no podemos responder», señala.
«Los veteranos aportarán lo que aprendieron durante muchos años de profesión»
«Un colegiado no puede perder el control, aunque tenga el corazón a 190 pulsaciones»