Ourense, con los negros albinos

Miguel Ascón Belver
MIGUEL ASCÓN OURENSE / LA VOZ

FIRMAS

La ayuda a este colectivo vulnerable centra el trabajo de Mafalda Soto

30 dic 2013 . Actualizado a las 23:29 h.

La realidad de los negros albinos en África se ha convertido casi en un mito para el mundo occidental. Son varios los documentales que cuentan su historia, casi siempre haciendo hincapié en la superstición que, en algunos puntos del continente, rodea a esa afección de la piel. Los asesinatos y la marginación son hechos reales, pero hay otros problemas aún más graves. «Les dan dinero para que cuenten eso y, como el 85 % de la población vive con menos de un dólar al día y ellos les dan 40, es muy fácil. Lo que más llama la atención es la parte morbosa, pero lo que mata a los albinos es el sol», explica Mafalda Soto Valdés (Ourense, 1982), que habla con conocimiento de causa puesto que lleva casi seis años trabajando con este colectivo en África.

Al principio aterrizó en Malaui. Allí, aplicando su formación en Farmacia, participó en un proyecto para la implantación de un sistema de software que controlase el movimiento de medicamentos de un hospital. Más tarde pasó a otro centro donde trabajaba con ciudadanos vulnerables, como enfermos de sida, afectados por la malnutrición o albinos. Ese fue su primer contacto con este colectivo, que se intensificó cuando se trasladó a Tanzania, concretamente a Moshi, la capital de la región del Kilimanjaro, el punto más elevado de África.

Allí comenzó a trabajar en un proyecto de atención integral a los afectados por albinismo. Se abordaba la parte social, como las becas o el apoyo familiar puesto que la marginación que sufre, en ocasiones, este colectivo, hace incluso que los padres abandonen el hogar. Además, trabajaba en el tratamiento de la enfermedad con un equipo de dermatólogos del hospital madrileño Ramón y Cajal.

Como ella misma explicaba al inicio de este reportaje, el mayor peligro para los albinos es el sol. El problema es que en Tanzania es difícil escapar de él. Y más para los albinos ya que el rechazo que los rodea hace que, en muchas ocasiones, tengan que dedicarse a trabajos de baja cualificación al aire libre. Así aparecen casos de cáncer de piel a partir de los veinte años de edad y, además, suelen tener problemas de visión.

Uno de los principales retos es, pues, la prevención. Ahí es donde entra el proyecto en el que está trabajando actualmente, Kilimanjaro Suncare. Así se llamará el primer fotoprotector solar que se fabricará en África. Al no existir producción local, el precio de este tipo de lociones es muy alto y su uso está muy poco extendido. Están trabajando en colaboración con el Gobierno local -una tarea complicada, pero muy importante para llevar a buen puerto la iniciativa, según dice- así como de diversas oenegés, del Colegio de Farmacéuticos de A Coruña e incluso de la prestigiosa empresa química Basf.

Mafalda está muy ilusionada con su trabajo, aunque exige mucho en el plano físico y emocional, según confiesa. «En otro contexto no darías tanto de ti mismo, pero aquí tienes que hacerlo», explica. Ahora ya está plenamente integrada en la vida africana, tiene su propio grupo de amigos allí y dice que los vínculos que se crean con la gente que comparte ese contexto tan complicado son muy fuertes.

mafalda soto valdés