Desde el respeto y la responsabilidad que conlleva el arte de ser enseñante, a nosotros, los docentes de personas adultas, nos ha tocado vivir de lleno esta realidad intangible que supuso el estallido de la burbuja inmobiliaria. ¿Qué ha pasado con toda esa juventud, malograda, que abandonó sus estudios en pro de un dinero rápido gracias al ladrillo? Si alguien quiere observar esta realidad tan solo tiene que asomarse a la ventana de una escuela para adultos. Progresivamente, a medida que los resultados de nuestra economía se hundían, veíamos cómo de manera inversamente proporcional el número de alumnos que quieren acceder a nuestras enseñanzas iba en aumento.
Lamentablemente no por necesidades de formación, si no por necesidades de titulación. Y es que para la mayoría de nuestros alumnos, un título significa una puerta abierta hacia la inserción en el mercado laboral, su a menudo, única fuente de motivación. En nuestro centro, además de las enseñanzas conducentes a la obtención del título de graduado en ESO y bachillerato, ofertamos lo que llamamos enseñanzas no regladas, que no proporcionan un título oficial, se trata de informática, idiomas y lenguas castellana y gallega para inmigrantes. Destaca la gran relevancia de este tipo de enseñanzas en la inserción social de este colectivo y de nuevo, lamentablemente, nos encontramos con más demanda de la que podemos atender.
Entre nuestras preocupaciones se encuentra dar cobertura a todos los alumnos con necesidad de formación y garantizar una formación de calidad. Sin embargo, vemos cómo se recortan nuestros recursos. Además, aquellos que deberían ser los garantes de nuestra profesionalidad se empeñan una y otra vez en poner en tela de juicio nuestro saber hacer. Observo cómo contra viento y marea, nuestros profesores se empeñan en mantener una enseñanza de calidad, sosteniendo proyectos y actividades que van más allá de lo exigible si las cosas fueran como se empeñan en dibujarlas algunos. Ahora quiero agradecer su esfuerzo y su dedicación a estos profesores, animaros a que sigáis haciendo oídos sordos a la infamia y que continuéis haciendo vuestro trabajo con tanta profesionalidad y dedicación como lo estáis haciendo.