Amores perros

Amores y desamores domésticos en 35mm y en el Museo Municipal


ourense

She loves me, she loves me not es un proyecto constituido por más de 80 fotografías, comisariado por Rui Prata gracias a un intercambio realizado con el Festival Encontros da Imagem (Braga) y que puede visitarse en la sala I del Museo Municipal. Una videocreación y once series fotográficas que plantean doce miradas artísticas particulares -a través de la cámara- de artistas de distintos países sobre el nuevo concepto de familia, sus disfunciones y las distintas maneras de entender las relaciones y el amor y de sus tragedias cuando se acaba. Entre los artistas representados, Laura Stevens, retrata esos momentos de coexistencia (pacífica) en la guerra fría de la rutina que anestesia la pasión y la ira, el vacío infinito del silencio y la incomprensión. La cotidianeidad de los temas y personajes, falsamente extraídos de lo común, sin énfasis alguno, contrasta con la soledad de los ambientes, el silencio estentóreo de los lugares, en un permanecer-estar testimonial, presencia de lo cotidiano, como en un registro de tipos y sucesos nimios.

Asume intensamente, en los escenarios recreados, la existencia de una mirada empírica que lejos de registrar la imagen, la crea con los conceptos propios, no de la imagen en sí, sino en la manera de ver. La narración es la presentación del lugar y los personajes trascendiendo más allá de la anécdota. La soledad acompañada, el desamparo, la incomunicación y el aislamiento. Desidia y decepción en interiores domésticos y claustrofóbicos, con París y Londres como escenario melancólico de la distancia insondable de las camas vacías. («La esencia del ?ya mismo? sabe a un ?luego? que apesta»). Imágenes de gran pictoricismo y estática belleza. Jorge Miguel Gonçalves recrea la silenciosa estética de los No-lugares. La sala de un juzgado, fría como una cama de hospital, vacía y muda, testigo apático de bodas y divorcios con un éxodo de ilusiones como bandadas de vencejos, cortando el aire.

Alena Zhandarova presenta la imagen surrealista y romántica con un guiño a lo doméstico y cercano al kitsch y a las imágenes ambiguas de Magritte, en la superposición de elementos reales o surrealistas, sin transición, ya que el sueño, tiene la misma configuración que lo empírico.

Jonathan Torgovnik da voz al testimonio de más de 50 mujeres sometidas a la mayor tortura que un ser humano puede soportar. Atentar contra su dignidad. Mujeres violadas por la milicia durante el genocidio en Ruanda y los niños que nacieron como consecuencia de la barbarie. Mujeres enfermas contagiadas con VIH. Avergonzadas. Mudas. Rotas. Y niños de la calle. Niños sin padre, niños de mil padres. Inocentes verdugos de sus madres? Historias de la vergüenza y repulsa incondicional a la violencia contra las mujeres. Ivette (Tutsi) quería morir. Pertenecer a una minoría sin posibilidades de elegir, cuando el poder está en manos armadas, en manos de hombres. Dañada sí, pero en pie. Con sus cicatrices sinónimo de brutalidad y sufrimiento infinito. No hay lugar para los héroes.

Soledad

Zuzana Salanova presenta una serie fotográfica en la que el tema es una serie de imágenes de segmentos de la anatomía de la mujer madura, integrada en paisajes naturales, más o menos yermos y simboliza la decisión de las mujeres que no desean tener hijos. La lectura es, sin embargo, nostálgica y acartonada de soledad.

Anna Galán en muestra polifónica nos anima a «vivir el momento» como una celebración de la vida, con una serie de retratos de parejas de personas de edad avanzada, que se funden en el abrazo de la danza, en un primer plano que se recorta sobre un paisaje rural, representando la fuerza vital sobre la inmortalidad. Jana Romanota en Waiting presenta el contrapunto retratando a jóvenes parejas de San Petersburgo y Moscú mientras duermen, ajenos a la cámara y abandonados al sueño en nueve fotografías que presentan los nueve meses de embarazo. Una visión de la Rusia moderna 20 años después de lo que era la URSS.

Emer Gilespie en un proyecto de colaboración creativa con su hija Laoisha, (Síndrome de Down) presenta las relaciones generadas entre sujeto fotografiado y experiencia creativa. Tierna imagen de crecimiento familiar y personal.

Sharon Boothroyd recrea sentimientos como la rabia y los celos en familias de miembros separados. Bela Doka muestra un caleidoscopio de sensaciones táctiles de apariencia física que emerge de las texturas sensoriales, con la tórrida luz de un sol ardiente y la piel desnuda y de verano.

El realismo fotográfico de Anna Fox cae en el artificio, en una intensificación del aspecto estético, una puesta en escena de una realidad teatralizada y falseada para subrayar su verosimilitud, recreando un ambiente de ocio con un color muy saturado e iluminación artificial con una técnica influida por las escenas de estudio de John Hinde en la década de los 60 y la ficción de sus imágenes convertidas en postales saturadas de color artificial.

La mujer como hilo conductor

La videocreación Divorced de Mireille Loup recrea en 21 minutos distintas circunstancias en las que 12 mujeres interpretadas por ella misma, representan distintas situaciones en las que el hilo conductor es la mujer que cría sola a sus hijos, llevadas al extremo del histerismo y despojado de toda empatía. Construye una paradoja entre ficción y realidad, una parodia de la sordidez y las relaciones, de la soledad, los complejos, las frustraciones, representado en dobles esquizofrénicos en una especie de catarsis irónica para superar el final del final.

«Lo atroz de la pasión es cuando pasa; cuando, al punto final de los finales, no le siguen dos puntos suspensivos?». (Joaquín Sabina).

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