Cuando lo provisional pasa a definitivo

Eugenio Giráldez
EUGENIO GIRÁLDEZ PONTEVEDRA / LA VOZ

FIRMAS

En tres lustros de reforma urbana, pretendidas actuaciones temporales han terminado consolidándose, como podría ocurrir ahora con el cierre del puente de A Barca

04 nov 2013 . Actualizado a las 14:52 h.

Mosquera, el ideólogo del «modelo de cidade», se maneja muy bien en los medios. Hace años percibió que determinadas acciones que resultaban más vulnerables por la crítica social, se podían blindar con el argumento siguiente: «A reforma urbana é un proxecto vivo e polo tanto en permanente evolución».

Ejemplo: ordenó eliminar las escaleras que anexaban la avenida de Reina Victoria con Pastor Díaz y construir una rampa para acceso del tráfico rodado que es una ratonera. Lo pretendidamente temporal, persiste desde hace tres lustros. Del mismo modo que esquinas en ángulo recto y almenas que complican giros y maniobras pese a las numerosas protestas y partes de seguros.

Impasible y con un férreo orden matemático (especialidad docente del citado edil), se acometen desde 1999 la sucesión de actuaciones que, en general, han mejorado espectacularmente la imagen de la ciudad con una apuesta muy firme por la movilidad peatonal y la contención del tráfico rodado.

El modelo que inicialmente costó digerir (recuerden aquel eslogan: «El Bloque nos bloquea») ha sido finalmente asumido por una mayoría social.

El balance general es satisfactorio como acreditan los numerosos reconocimientos. Y las urnas: 2003, 2007 y 2011. A lomos de esas políticas, Lores ha conseguido ser «un alcalde transversal». Una de claves de este éxito radica en un acertado reparto de roles. Poli bueno-poli malo. Lores sale las calles, se faja y gana en la distancia corta mientras Mosquera y su entorno, puertas adentro, planifican obras y estrategias de comunicación.

Recuerden a Luis Bará cómo hizo apostolado de una posible reordenación del tráfico en Beiramar con motivo del estreno del puente de As Correntes. Era junio del 2012.

¡Et voilá¡ Las obras de mejora del suministro de agua en Poio acaban de traer la oportunidad ambicionada para que se cumpla otro de los objetivos que la mente calculadora de Mosquera se había trazado: dejar el puente de A Barca con único sentido de circulación y persuadir a la Xunta de que con el tiempo, será mejor ampliar aceras y darle, también, un mayor uso peatonal.

No ha transcurrido ni una semana y desde Pontevedra se reivindica que lo provisional podría pasar a definitivo.

El legado de Sesmero

Por cierto, en estas fechas se recuerda al arquitecto Rodríguez Sesmero. Su enorme contribución transformó la imagen urbana en el siglo XIX. En solo 12 años, ideó y plasmó espacios como la Alameda, Las Palmeras o el cementerio de San Mauro y edificios señeros como el Palacete Mendoza, Diputación y Ayuntamiento. Precisamente, el consistorio de la plaza de España está cerrado para reformas, de difícil ejecución pues el coste previsto, de 2,5 millones de euros, resulta inasumible para el erario municipal.

Da que pensar si lo unimos al fracaso de alguna otra alternativa. Como aquel trueque pensado con la Universidad para que el Concello pudiera mudarse al antiguo cuartel de San Fernando, hoy facultad de Bellas Artes, si esta se iba a una nueva sede en los solares de Tafisa.

Por tanto, el traslado provisional del Concello a las dependencias de Michelena 30 va camino de cumplir su tercer año. Podemos estar ante otro ejemplo de provisionalidad que se consolida. Como en los pisos con mucha terraza, la actual sede municipal tiene posibilidades de expansión. Al edificio contigüo, de cinco plantas, que fue Banco de España. Se reformó en la etapa del subdelegado Delfín Fernández por un pastón (cuatro millones) y está semivacío. Y aunque el alquiler es tan caro que ni las delegaciones periféricas del Estado se mudan, todo se puede negociar. Y el Concello tiene sus bazas.