La estrella que solo exigía un Colacao antes de salir a escena

Mito de la canción patria de los años sesenta y setenta, el cantante almeriense Manolo Escobar logró capturar en sus canciones el sentimiento del pueblo. En Galicia, temas como «Mi carro» o «El porompompero» sonaron en todas las fiestas y verbenas


Hay detalles que hablan por sí solos. El pasado 17 de agosto Manolo Escobar actuaba en Sada, dentro de las fiestas del municipio coruñés. Días antes los responsables de Cultura del ayuntamiento se pusieron en contacto con su promotora para ultimar detalles. Entre otras cosas, preguntaron por el cátering, si tenía alguna petición concreta como suelen hacer muchos artistas. «Nos dijo que lo que hubiera le valía, solo nos pidió a mayores un Colacao», recuerda la titular del área, Almudena Pena. El hecho sirve para poner de manifiesto una vez más esa llaneza y normalidad que todo el mundo recordaba el pasado jueves, cuando trascendía la noticia de su muerte. «Luego, cuando lo conocimos en persona -continúa la concejala-, nos pareció una persona encantadora, superamable y totalmente normal. Ya por la tarde, en la prueba de sonido, la gente se le acercaba y le pedía canciones. Él, en vez de seguir a lo suyo y terminar cuando antes, los atendía y los complacía».

Aquella fue la última vez que se pudo ver a Manuel García Escobar (El Ejido, 1931) sobre un escenario en Galicia. Un año antes anunciaba que se iba a retirar en cuanto terminase su gira de despedida. Pero esta se tuvo que interrumpir bruscamente unas semanas después de su pase en Sada, tras complicarse su estado de salud. «El concierto lo dio sentado sobre un taburete. Tenía un problema de cadera y la verdad es que se le veía malito», recuerda Pena. Ya había aparecido así en diciembre del 2012, en el programa Luar de la TVG, cuando se arrancó a cantar el Ven bailar Carmiña con Pili Pampín. «Foi algo que para min é un orgullo porque se trata dun artista coma a copa dun pino», señala la cantante. Habla aún en presente, como si Escobar todavía viviese. «Foi idea de Gayoso e o puxemos a cantar en galego. Amoldouse perfectamente ao noso idioma», se ríe. «É unha persoa marabillosa, moi humilde e que non ía de nada. Podería ser un divo, pero non o é».

Pampín lleva razón. Un dato: de Y viva España se despacharon en su día seis millones de copias. Llegarían a diez en reediciones posteriores. Según rezan las crónicas, entre 1973 y 1992 fue el disco más vendido de la música en España. Con la décima parte de ello, cualquiera se dedicaría a exigir ilocalizables whiskies de malta y frutas de tienda gourmet en sus visitas. Él no. Quería solo un Colacao. Y luego saludar a viejos conocidos. «Era moi do Barça. Cando viña a Luar coñecía aos cámaras das outras actuacións e se metía cos que eran do Madrid», apunta Pampín. Resume en una frase el carácter campechano del artista: «Se non falabas ti con el, era el quen viña falar contigo, pero falar íase falar, el era así». Jose Ramón Gayoso, presentador del programa, lo confirma: «Una vez que terminaba las actuaciones, bajaba a hablar con la gente. Siempre estaba sonriente y cercano. Nadie se quedaba decepcionado».

Con ese carácter afrontó la peor noticia de su vida. Llegaba en el 2010. Le habían detectado un cáncer de colon y tuvo que ser operado. «El cáncer se puede curar y el mío va viento en popa», decía en el 2011 en el programa La Noria de Telecinco. A los pocos días de salir del quirófano se unió a la selección española de fútbol para celebrar la consecución del titulo mundial. Su Y viva España cobró ahí un nuevo sentido. Aunque Escobar siempre apeló al hombre llano que no se mete en política, muchos lo vieron como un producto del franquismo y sus edulcorados valores de familia, orden, patriotismo y religión. Con esa nueva apelación del sentimiento nacional a golpe de emoción futbolera se sacudía de encima, en cierto modo, el sambenito que le colgaron en los ochenta. Y sin variar su actitud ni discurso un ápice. Volvía a la palestra Manolo Escobar, el hombre de rostro amable y sonrisa eterna que irradiaba nobleza y sano buen rollo. Manteado por unos jugadores que nada sabían de su operación, llegó al cénit de esa pasión futbolera. Cabe recordar que en los noventa presentó junto a Loreto Valverde el programa televisivo Goles son amores, indescriptible híbrido cañí de fútbol, muslos femeninos y pasodoble a tutiplén.

ICONO IBÉRICO

Antes de todo ello se encuentra el mito. Todas las sociedades necesitan los suyos. Y una tan gris como la del franquismo más aún. Ahí enmarcada, la historia de Manolo Escobar resulta tan perfecta que semeja hecha a medida para mostrar el lado menos malo de aquella España repleta de sombras. Almeriense emigrado a Barcelona y quinto de diez hermanos, con apenas 15 años curtió sus manos y su espalda en la clase trabajadora. La metalurgia, la carpintería o la construcción fueron algunas de sus ocupaciones. Las verbenas y los concursos de canto, sus divertimentos en los ratos libres. También estudiaba, sacando el bachillerato y logrando una plaza en el cuerpo de Correos como cinco de sus hermanos. Estos, también apasionados por la música, lo acompañaron. Formaron el grupo Manolo Escobar y sus Guitarras. Pronto grabaron su primer disco y empezaron a tocar allá donde los llamasen. 

Corrían los cincuenta y el éxito llamaba a la puerta. Su trabajo en correos pronto quedó vacante, se alió con Juanito Valderrama en una gira triunfal y, pronto, en los sesenta, se convirtió en una de las figuras más populares de la canción española. En medio, un matrimonio con la alemana Ana Marx y, por supuesto, los suspiros de los emigrantes. Al igual que Raphael o Sara Montiel, Escobar se convirtió en uno de esos iconos de la España que se idealizada desde Sudamérica y la Europa a la que tantos habían ido hacer fortuna. Allí, en Buenos Aires, Londres, São Paulo o Zúrich, El Porompompero o Mi carro llegaban como una exhalación de felicidad con regusto de tristeza final. Igual ponía la piel de gallina como la inundaban de nostalgia en un amasijo de emociones. 

Muchos de aquellos que partieron con sus maletas en los cincuenta y sesenta hacia una vida mejor, formarían parte del público de Luar décadas después. «Manolo conectaba muy bien con estos sentimientos porque él cultivaba lo que se llama el canto del pueblo», señala Jose Ramón Gayoso. «La otra España y la otra Galicia que se tuvo que ir lo sentía entonces muy cercano», continúa. Apela al alimento espiritual que supusieron muchas de aquellas canciones. En los setenta llegaría Y Viva España, una especie de inyección de autoestima para un país que, poco a poco, iba recuperando muchas de aquellas vidas truncadas por la emigración. Entre banderolas, bombas de palenque y vermú con sifón esa canción quedó para siempre ligada a la verbena y la fiesta. Luego pasaría a la versión televisiva de esta, dentro del programa de Gayoso. Cabe volver, no obstante, a los primeros setenta. Entonces, el periodista y promotor Nonito Pereira lo conoció entonces en Madrid, en un encuentro discográfico. «No era lo mío precisamente -reconoce- pero la verdad es que me impactó. Era una bellísima persona, que no se daba a valer y que contagiaba su buen humor. Desde entonces lo vi muchísimas veces y siempre me lo encontré sonriente y alegre».

Al respecto señala que sobre el 2003, tras una operación, se lo volvió a encontrar. «Le dije: Vaya Manolo por ti no pasan los años. Y él me contestó: Claro que no pasan, en mi caso se quedan», se ríe. «Era un tipo ocurrente -sigue relatando Pereira-. Una vez en la televisión Íñigo lo entrevistó y le preguntó: ¿Y tú que piensa de la música pop?». Obviamente se refería a formaciones como Los Bravos o Formula V, pero él no se amilanó. «Le replicó: ¿La música pop no es popular? Pues yo soy el número uno». Llevada la definición al extremo, no le faltaba razón. Pocos artistas habían logrado cautivar de esa manera a tanta gente. Y pese a que estos días han florecido paralelismos con otros astros del pop anglosajón, Manolo resultaba 100% hispano.

Además de Mi carro, El Porompompero e Y viva España, otro de los grandes éxitos de Manolo Escobar llegó con Solo te pido. De esta y las dos primeras hizo sendas versiones con la Banda de Música de Sober. Ocurrió en el 2009. De nuevo, Jose Ramón Gayoso tendió puentes entre los músicos de Galicia y el almeriense. «Hicimos unas colaboración a distancia. Nosotros grabamos la música y luego él le puso voz en el estudio», señala Jose Luis Álvarez, presidente de la banda. «Fuimos a Luar varias veces y nos pareció una persona muy simpática. Siempre estuvo muy interesado con la gente de la banda y le parecía muy curioso que estuviese gente tan pequeña. Se hizo un montón de fotos con nosotros». 

Esas actuaciones se pueden ver en YouTube, igual que tantas otras en noches de fin de año, loas a artistas como Lola Flores, fiestas para promocionar ciudades y, cómo no, la gala con la que varios artistas lo homenajearon en Valencia en el 2009. Allí artistas actuales como Diana Navarro o Rosa López honraron su figura. Y sus canciones. Esas que forman parte ya de la banda sonora de varios momentos y varias generaciones de una historia de España en la que Galicia tuvo un especial protagonismo.

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