Vivo en un punto negro

Toni Silva A CORUÑA / LA VOZ

FIRMAS

CÉSAR DELGADO

Varias casas de la comarca reciben con frecuencia el impacto de coches

20 oct 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Ante su casa no hay calle ni parque ni jardín. Al otro lado del portal les espera una serpiente de asfalto donde los coches, contraviniendo las señales, atraviesan ante la vista a gran velocidad. Cada día sin incidentes es un día para celebrar. Viven con la esperanza de que una de esas máquinas no vuelva a colarse en el salón.

En la carretera de Betanzos a Oza dos Ríos, Josefa Gómez ya ha perdido la cuenta del número de coches empotrados contra su casa, ubicada en una enrevesada curva próxima a la conexión con la autovía A6. Su hogar ha sido reparado en numerosas ocasiones y, después de varios derribos, optaron por trasladar los dormitorios al otro extremo. «Xa levamos uns aniños sen grandes sustos, pero na ventana colaron varias veces os carteis», dice Josefa sobre los paneles que indican el sentido de la curva. Teme el paso de los camiones que, en muchas ocasiones, se ven obligados a maniobrar en este angosto tramo. La administración dotó de más seguridad la polémica curva elevando la zona en un peralte que ahora hace imposible aparcar el coche familiar en el interior. «Deixámolo na zona do pazo de Santa Cruz, e temos que andar cruzando, non nos fai gracia», añade.

A pocos kilómetros de la casa de Josefa se escribe una historia similar. Remedios Babío vive en una larga recta en la parroquia bergondesa de Cortiñán. En 24 años acumula cuatro accidentes contra su vivienda, el último hace dos años, un día de julio a las seis de la madrugada. El coche derribó la pared y tiró todo lo que se encontraba en la dependencia. Una estantería cayó sobre el perro con la fortuna de que quedó encajado en un hueco del mueble. Durante más de medio año vivieron con un agujero en su pared, con el temor de que aquello fuera aprovechado por los ladrones. No es cómodo vivir en una casa cuya esquina está taponada con tablones y un plástico. «En la última obra reforzamos todo el muro con hormigón por lo que pueda pasar, aquí los coches van como locos», dice Remedios, que asegura que desde julio del 2011 el perro no ha vuelvo a pisar esa habitación.