El recuerdo de Vigo

b.r. sotelino VIGO / LA VOZ

FIRMAS

Oscar Vazquez

José Rodríguez cumple junto a su hija 25 años al frente de una de las tiendas típicas de A Pedra

13 oct 2013 . Actualizado a las 06:00 h.

Los recuerdos son de cada uno, pero hay algunos, los que se generan en viajes y excursiones, que se pueden forzar. Con este género hilvanado con la memoria trabaja José Rodríguez Piñeiro desde hace 25 años. Su local en la zona de A Pedra lleva el mismo nombre que la cafetería del Paseo de Alfonso que abrió junto su mujer, Saladina López, en 1986, aunque hace más de una década que se desvincularon de aquel negocio.

En Vigo ya había trabajado de joven, en el Gran Hotel y en el Hotel Pajariño, por eso decidió apostar por esta ciudad para recomenzar.

El bazar Guay ocupa actualmente dos locales que antes eran independientes. En el primero que cogieron había una tienda de alimentación y en el contiguo, ahora unificado, ya se trabajaba el mismo género del que disponen ahora. Cuando empezaron, José recuerda que ya había mucho turismo, no tanto como ahora, pero más pudiente. «Ahora hay más gente pero consume menos. Hay días de muchas excursiones que la zona está invadida, en las ventas se nota, pero no mucho. Ahora, que como no haya ni barcos ni excursiones, sí que es un desastre». Desde luego, en el Guay no perderán un cliente por no saber hablar inglés.

Hórreos y flamencas

Entre la mercancía que despachan se mezclan los productos artesanos: tamancas, hórreos o platos de pulpo, con los que más demanda el cliente internacional. «A veces la gente no sabe muy bien a dónde llega. Desde luego, si son extranjeros lo que viene buscando son recuerdos de España, toros y muñecas flamencas».

Los precios se adecúan a todos los bolsillos y lo mismo disponen de mantones de más de cien euros que otros de menor entidad por algo más de 10 euros. «Antes se vendían más otras cosas más caras, no se miraba tanto el presupuesto. Ahora lo que compran son imanes, dedales o las brujas y las ranas de la suerte, porque la fortuna es algo muy solicitado», bromea.

«La habíamos cogido con mucha ilusión, pero el Paseo de Alfonso cayó en picado. «Cuando apostamos por la zona nos decían que iba a ser impresionante, que iban a tirar ya la panificadora, que iban a reformar el Barrio del Cura... y sigue todo igual. O peor», reflexiona.Hasta aterrizar en el mundo del recuerdo, la trayectoria profesional de José, nacido en la parroquia de Picoña, en Salceda de Caselas, siempre había estado vinculada a la hostelería.

«Yo estuve en Inglaterra quince años. Primero me fui a Madrid a los trece años con un primo hermano trabajando en La Oreja de Oro, un bar en la calle de la Victoria que todavía existe. Después me fui a Mallorca a trabajar en un hotel». Allí conoció a su mujer. «Como todos los clientes eran ingleses y no entendía nada, decidimos irnos a Inglaterra.

La idea era estar unos añitos, aprender el idioma y volver a Palma», cuenta. «Primero nos fuimos al Norte, a un sitio precioso, Lake District, cerca de Escocia. Estábamos muy a gusto, después tuve un restaurante en Oxford y al final fuimos a Londres, donde nos quedamos ocho años», recuerda. Su hija nació en Vigo, pero se la llevaron a Inglaterra cuando tenía siete años y regresó con 16 con sus padres. «Tenía 33 años cuando volvimos aquí. Se estaba de maravilla, pero viendo los centros gallegos pensé que no quería acabar así. La morriña pudo más», argumenta José.