«Al enterarme, me quedé como cuando se cayeron las Torres Gemelas»

La Voz

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Nada, en ningún momento, hizo pensar ni a Martín Millán ni a quienes trabajan con él que hubiese algo raro en la relación que Asunta mantenía con su padre, Alfonso Basterra: «Como cualquier padre que viene a buscar a su hijo y se preocupa por él».

«Cuando me enteré de su muerte por la radio, no reaccioné -explica el maestro, apoyado en un piano-. Me quedé como cuando vi en la tele la caída de las Torres Gemelas, no te cabe en la cabeza. Tengo otra alumna de origen asiático y le mandé un WhatsApp a su madre, que me confirmó que se trataba de Asunta, no de su hija».

Un horario intensísimo

El catálogo de actividades extraescolares en las que participaba Asunta era tan extenso que no resultaba fácil cuadrarlo. No solo estudiaba piano en la academia de Millán, sino también en la escuela Play, el mismo centro donde asistía a violín. Al menos tres docentes la visitaban a domicilio para completar su formación: una profesora de violín, otra de inglés y una más de chino. Y aún encontraba hueco para las clases de ballet, a las que asistía en un centro privado.

En vacaciones tampoco desconectaba. En el mes de julio acudió a dos cursos de música. Y en ambas actividades la vieron con síntomas de estar bajo los efectos de alguna medicación fuerte que la dejaba adormilada. Este punto está bajo investigación, ya que sus padres declararon que su estado se debía a un tratamiento con antihistamínicos a causa de una alergia que padecía.