Escapó de Madrid y dos marineros lo sacaron a alta mar en un bote
29 sep 2013 . Actualizado a las 07:00 h.historias con historia
Llegaría a ser presidente del Gobierno de España y jefe del Partido Liberal Progresista; pero ahora era un fugitivo perseguido por la justicia del rey absolutista y felón Fernando VII. Era el año 1831 y el abogado Salustiano de Olózaga intentaba huir de España por el puerto coruñés.
El triunfo de la revolución en Francia a finales de julio de 1830 estimuló la esperanza de los liberales de poder conseguir lo mismo en España; por eso redoblaron sus esfuerzos para acabar con el absolutismo. Paulatinamente se fueron forjando y poniendo en marcha diferentes planes en los que se combinaba una posible invasión o desembarco de patriotas exiliados con levantamientos internos. Todos los intentos fracasarían, incrementándose el número de mártires de la causa liberal.
Amigo de Luis Candelas
En Madrid, Olózaga, a sus 25 años, era uno de los principales miembros del núcleo conspirador. Debido a una delación, lo detuvieron el día 17 de marzo de 1831.
En la cárcel fue recluido en las celdas de los criminales, pero gracias a su posición desahogada y a su habilidad se hizo amigo de muchos de los presos, entre los que se encontraba el que llegaría a ser el célebre ladrón Luis Candelas.
El temor a ser condenado a la horca, como aconteció con otros muchos liberales, llevó a Olózaga a planificar su fuga, contando con el apoyo de su hermano José, quien posteriormente relataría lo que había sucedido. En la madrugada del 20 de mayo, disfrazado de teniente coronel, contando con copias de las llaves de las puertas de la prisión y tirando onzas de oro para entretener a los carceleros, logró huir.
Después de estar veinte días oculto, partió hacia A Coruña en un carruaje, con calesero y mayordomo, como si fuera un rico que viajaba por placer gastando su dinero.
El 25 de julio estaba en San Pedro de Nós, donde pasó la noche y despidió a sus amigos. A las cinco y media de la mañana del día siguiente, cuando se abrían las puertas, entró en A Coruña confundido con las mujeres y campesinos que acudían a vender sus frutos a la ciudad.
La suerte hizo que encontrase refugio en la casa de un carpintero armador, partidario de las ideas liberales. Este comunicó su presencia a sus amigos y conocidos, entre los que estaba Andrés Garrido, un rico comerciante liberal que se brindó a ayudarle para llevar a cabo su fuga.
Las constantes visitas levantaron las sospechas de la Justicia que decidió registrar la vivienda. El 2 de agosto, avisado por la hija del carpintero, Salustiano de Olózaga tuvo que abandonar su refugio, perdiéndose por los arrabales y calles de la ciudad.
30 horas de espera
De nuevo la suerte le favoreció ya que sus valedores también lo buscaban y lo encontraron primero. Esa medianoche, Salustiano Olózaga embarcó en un bote en una playa coruñesa. Manejado por dos marineros de confianza y amigos del carpintero armador, el bote de adentró en alta mar con la intención de esperar a un quechemarín, propiedad de Andrés Garrido, que pasaría por la zona en su ruta hacia San Sebastián. Después de treinta horas de espera, Olózaga pudo subir al barco que le llevaría a su primer exilio en Francia.