¿Qué hacemos con nuestros montes?


Hace una semana les decía que sobre el desastre de los incendios forestales en Galicia, los partidos políticos debieran sentarse y hablar del asunto desde el interés general, buscando soluciones a largo plazo. Vamos, justo lo contrario de lo que hacen día sí y otro también. Pero quisiera profundizar en la idea, por si no había quedado clara: yo entiendo que ahí habría que hablar de la gestión integral. Un foro en el que habría que contar con las entidades que gestionan los montes vecinales en mano común.

Para empezar habría que hacer una reflexión con perspectiva histórica sobre la mayoritaria gestión pública de los montes anterior a 1980 y de la gestión privada posterior. Que si bien la primera no parecía la adecuada, además de ser tumbada ante la Justicia, la segunda casi la hace echar de menos. Lo que está claro a estas alturas (siempre hay sordos que no quieren oír) es que la situación actual dista mucho de ser la deseable en términos medioambientales y de ser rentable este modelo de economía social. Con raras excepciones la gestión de los montes es un fracaso, lo que repercute negativamente en la sociedad gallega en general. Puede que esto no guste a los comuneros (por tanto no lo dirán los políticos) pero es la triste y cruda realidad. Los montes se están gestionando sin proyectos serios, en función de intereses coyunturales y sin contar con las opiniones técnicas necesarias. Un pobre sistema asambleario que rige las entidades, muy manejable a pie de terruño, hace inviable desarrollar una actividad económica planificada y profesional.

A mayores, fruto también del derecho consuetudinario (que emana de usos o costumbres), nos encontramos con los montes de la comarca vallados para la ¿cría? de ganado. Unos cuantos caballos y vacas que supongo obedecen más a la obtención de subvenciones que a una actividad económica reglada y rentable. Solo el vallado de toda la sierra de Barbanza, con kilómetros y kilómetros de alambre de espino y postes de madera tratada parece una barbaridad económica teniendo en cuenta el resultado. Que yo sepa los datos económicos y de generación de empleo de esta actividad no se hacen públicos pero sería interesante conocerlos para justificar el dinero gastado y la sustracción a los ciudadanos en general del disfrute libre del monte. Eso sí, los dos sectores mencionados suelen aplaudirse a sí mismos como benefactores del monte público. Como también lo dan a entender aquellos que han propiciado el uso y abuso de las instalaciones eólicas o sus propietarios. Un desarrollo muy poco claro, con fortunas hechas en la sombra; que podrá ser necesario, pero no de forma indiscriminada.

Muy poco o nada se ha hecho por el aprovechamiento de los montes barbanzanos desde la perspectiva bioética o del turismo responsable. Una comarca con un balcón inigualable aunque descuidado, sin alternativas y escondido a las visitas.

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