La tercera etapa de la carrera volverá a descubrir al mundo, mañana, la belleza de Arousa
25 ago 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Tan acostumbrados estamos los arousanos a movernos entre nuestra tierra y nuestro mar, que la mayoría de las veces apenas prestamos atención a lo que ven nuestros ojos. Solo eso explica el asombro con el que muchos arousanos descubrieron el año pasado, en las pantallas de sus televisores, que «realmente vivimos no paraíso». La frase la pronunció entonces Jaime Devesa, un hostelero de O Grove que, como muchos otros, quedó seducido por el servicio que las imágenes de la tele habían prestado a la promoción de la ría de Arousa como destino turístico.
Es cierto que el buen tiempo acompañó a los ciclistas en aquel recorrido por la comarca, acentuando el azul intenso del mar y el verde de los viñedos, las huertas y los montes que dan forma al valle de O Salnés. Confiemos en que se cumplan las previsiones de Meteogalicia, y que mañana brillen los soles que los metereólogos han dibujado en sus mapas. Si es así, la luz volverá a ser la adecuada para que nuestra tierra y nuestro mar muestren a las cámaras sus mejores perfiles.
Motivos para presumir hay unos cuantos. Si el año pasado las playas de O Grove deslumbraron a todos aquellos que vieron el paso de la vuelta por la península meca, este año su asombro se incrementará cuando descubran, también, los arenales de A Illa y el frondoso verde de Carreirón. Y, si bien es cierto que en la etapa de mañana se quedarán huérfanos los espectadores de la solemnidad de la plaza de Fefiñáns y del señorío de Cambados -lugares que ayer volvieron a seducir a las cámaras- a cambio disfrutarán del peculiar encanto de Pontearnelas y del hermoso espectáculo que sobre la ría brinda el mirador de Lobeira, el lugar elegido para situar, en la minúscula explanada de la cima, toda la parafernalia de un fin de etapa. Pero allí estará el podio y todo lo necesario. Ya se han hecho cosas más difíciles antes. Como pedalear sobre el mar.