Tres horas interminables en Bueu

Marcos Gago Otero
Marcos Gago BUEU / LA VOZ

FIRMAS

Fátima Santiago

Los bomberos utilizaron poleas y cuerdas para bajar al parapentista accidentado

24 jul 2013 . Actualizado a las 09:52 h.

En Bueu no se habló ayer casi de ninguna otra cosa en las conversaciones en el café o la playa. El rescate del parapentista que quedó colgado de un pino tres horas se prestaba tanto para teorizar sobre cómo pudo pasar como para el chiste fácil. Pero la verdad es que en el bosque de A Costiña el pasado lunes se llevó a cabo un rescate muy complicado.

El accidentado, Jose, aseguró no haber temido nunca por su integridad física. Rodeado por las cuerdas del parapente y del paracaídas, precisó que «estaba bien sujeto». Más le valía estarlo. Los bomberos pudieron calcular bien la altura de la que estaba suspendido. «Usamos una cuerda de sesenta metros y nos sobró apenas nada. Yo creo que estaba a unos 28 metros», puntualizó el cabo de los Bombeiros do Morrazo, Alberto Doval.

En el rescate participaron Ángel Moldes y Aquilino Aguete, bajo la supervisión de Doval y la mirada de la Guardia Civil, comuneros y curiosos. Mantener la sangre fría es importante, pero bajar a Jose no fue tarea fácil. «Decidimos no subir por el mismo árbol del parapentista, porque la primera rama estaba muy lejos y no llegábamos ni con una escalera». Entonces echaron mano de otro pino al lado. Y allá arriba se fue Moldes, entre ramas podridas o rotas ascendiendo como una ardilla en una zona donde los árboles estaban muy pegados y las ramas se antojaban caprichosos obstáculos, mientras el tiempo seguía corriendo. «José, ¿cómo estás?», le preguntaban los bomberos. «Bien», respondía él.

A una cota más alta que el parapentista, su rescatador puso una polea y, con la ayuda de Aguete, le pasó una cuerda y una navaja. Con ella el deportista tenía que cortar las cuerdas que lo sujetaban y claro, a 28 metros de altura, eso no es tan sencillo. Llegó el momento de la verdad, el propio Jose tenía que liberarse a sí mismo, no había otra opción. Y entonces hubo unos segundos de suspense. Los bomberos bromearon con él para quitarle hierro a la tensión. «¿Ahora no quieres bajar?», le dijeron. El aludido sí quería, por supuesto, y dio el paso, un balanceo y ya estaba en la cuerda que empezó a descenderlo hasta el suelo, donde se abrazó con los bomberos. Aún ayudó después al descenso de su rescatador, que siguió encaramado del otro pino hasta que Jose tocó tierra.

Doval mantuvo la calma todo el tiempo. Dirigió la operación con precisión de un cirujano y hablaba con los otros tres a cada pequeño movimiento. «Todos tienen que decir ok antes de seguir. No se da nada por hecho», concluyó. Cuando todos bajaron A Costiña, el sol se ocultaba en el horizonte en una espectacular puesta sobre la ría.