Los vecinos de Oza dos Ríos presencian la caída de trozos de hormigón
20 jul 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Benjamín López, Pirri, de 58 años, acaba de volver a nacer. Hace pocos días, cuando regresaba de un velatorio, un trozo de hormigón le rozó el hombro en su trayectoria hacia el suelo, donde se deshizo en mil pedazos. Se desprendió del puente del ferrocarril. Pirri asegura que sigue con vida «por centímetros». La vieja infraestructura que hace de frontera interior de la localidad presenta síntomas similares al puente de O Pedrido, donde la podredumbre de los hierros interiores provocó el constante goteo de cascotes con graves riesgos para la población.
El Ayuntamiento de Oza-Cesuras notificó el incidente al ADIF, cuyos operarios están revisando el puente ferroviario durante las últimas jornadas en horario nocturno. A simple vista, varias zonas amenazan desprendimiento. «Teñen que arranxalo o antes posible, por aquí pasan os nenos para ir ao parque ou á escola», sentencia Pirri. Con él coincide el exalcalde de Oza y ahora presidente de la gestora del concello fusionado, Pablo González. «Cruzar el pueblo se ha convertido en un ejercicio de riesgo», sentencia. «Esto de los cascotes es un problema a mayores porque los peatones ya se la juegan cada vez que cruzan por esta zona... y no hay otra opción, es la única», añade González Cacheiro. «Ya hicimos el requerimiento al ADIF y esperamos que las soluciones lleguen pronto».
Reunión con Fomento
Precisamente el regidor intentó aprovechar los estímulos de la fusión para realizar uno de sus proyectos estrella, la eliminación del gran muro que sostiene la vía para unir las dos partes de la localidad. El proyecto fue presentado por Pablo González a la ministra de Fomento, Ana Pastor, en una reunión en Pontevedra el año pasado, con una previsión de gasto de tres millones de euros. Pero aquel encuentro no concluyó con grandes esperanzas para el entonces alcalde de Oza dos Ríos.
La vía tiene una alta densidad de tráfico y la estrechez del arco del tren ferroviario no solo impide la construcción de aceras. «Cando coinciden dous camións as manobras son terribles, un tense que abrir, outro arrimarse... É un tramo moi perigoso», señala Benjamín López, quien confiesa que ahora cruza bajo el puente con especial celeridad.