Acaba de abrir su primer negocio pero sueña con tener una cadena
02 jul 2013 . Actualizado a las 16:01 h.Tímida en apariencia, esta joven carballiñesa de 28 años tiene un carácter fuerte y decidido. Siempre tuvo clara su vocación y que la estética marcaría su futuro. Renunció al camino fácil de seguir en la empresa familiar porque «simplemente no es mi mundo, no es lo que yo quería hacer». De pequeña soñaba con ser peluquera, quizá porque su madre trabajó un tiempo en una peluquería, pero pronto empezó a encontrarle algo más que un simple encanto adolescente a la vertiente de los maquillajes. Trabajó en un negocio ajeno antes de decidirse a montar el suyo propio y está firmemente convencida de que el camino del autoempleo es la mejor opción para la gente joven. Confiesa que ha aprendido de su padre que «con trabajo y esfuerzo desde abajo, con el tiempo se puede llegar arriba».
-Habrá gente que piense que podía usted vivir mucho mejor en la empresa familiar
-Ya, pero yo creo que cada uno tiene que buscarse su futuro. A mí me gusta esto; esto es lo que quiero hacer y me gustaría que este negocio, Lavité, fuese en el futuro el nombre de una gran cadena de belleza en la que trabajase mucha gente. Quiero ser una gran empresaria, aunque suene raro decirlo ahora, recién empezado, con solo una empleada y yo, que ni siquiera tengo sueldo fijo.
-¿Cómo es eso?
-Porque todo lo que hago va para mis padres. Les estoy devolviendo lo que me prestaron para ayudarme a montarlo. Yo pago a la persona que trabaja aquí conmigo y el resto de gastos y lo que queda va para eso. No sé, igual en seis o siete años, termino (ríe). Mientras tanto sigo viviendo en casa y me dan para mis gastos, o sea, que sigo con paga de fin de semana. Pero estoy contenta, no tengo queja.
-Choca un poco.
-La gente está muy equivocada con la idea de que si tus padres están en buena posición te educan a golpe de capricho y te dan todo porque sí. Mi padre me ha dicho muchas veces que el mundo no es color de rosa. En mi casa siempre nos enseñaron el valor del trabajo y del esfuerzo. Mi hermano trabaja con mi padre, pero también tiene un pub que atiende él.
-¿No se considera una privilegiada?
-Yo sé que hasta cierto punto sí soy una privilegiada, porque otros no tienen las mismas posibilidades que yo he tenido, y si tengo un problema sé que tengo un respaldo. Eso aporta tranquilidad. Otros si quieren montar un negocio, por ejemplo, tienen que conseguir un crédito en un banco que no está nada fácil; o quien después de estudiar una carrera no tiene donde trabajar y tienen que marcharse a buscar un futuro fuera. Lo de la emigración me parece muy duro.
-¿Se cree lo que dicen de que el final de la crisis está próximo?
-Yo, en general, me considero una persona bastante optimista y en esta cuestión pienso que saldremos de esta igual que antes salieron otros de momentos difíciles parecidos. Estoy convencida de que esto pasará, que algún día se empezará de nuevo a crecer. No se si será, como parece que dicen, pronto o tardaremos más. A mí, la verdad, es que la política y los políticos me inspiran poca confianza.
-¿Por qué?
-Porque no los entiendo. Una cosa es lo que dicen y otra la realidad. Siempre están diciendo que los jóvenes tienen que ser emprendedores y que se apoya a la gente que quiere montar su negocio y, en la práctica, te ponen cuarenta mil trabas; para todo. Y luego los impuestos, porque en un caso como este sector, si tienes que repercutir un 21 % de IVA a tus clientes ¿cómo pretenden que la gente salga adelante? O le pones los servicios carísimos, con lo que no vendrán, o tienes que hacer números para que compense tener abierto. Nosotros, con la casa que trabajamos, Germaine de Capuccini, tenemos la suerte de que hace muchos paquetes especiales para que los tratamientos salgan más baratos, y luego ajustamos lo más posible en los servicios más habituales.