Algunos diputados provinciales se pasan los plenos, por los que perciben 590 euros, chateando con el móvil o haciendo dibujos
30 jun 2013 . Actualizado a las 07:00 h.En los colegios e institutos los móviles están terminantemente prohibidos. Los profesores consideran una falta de respeto que los alumnos los saquen y no atiendan en clase. En la Diputación la cosa es distinta. Se entiende que los diputados son todos adultos y que son capaces de atender a las sesiones plenarias y, sin duda, a otros relevantes compromisos laborales y políticos vía pantalla del teléfono sin que eso suponga ningún problema.
Por cada pleno un diputado percibe 590 euros, es decir, que por cada sesión el organismo provincial desembolsa 18.000 euros. Algunos se las pasan chateando o gestionando quién sabe qué, aunque sería injusto generalizar.
En el PP no todos desenfundan. En la última sesión el diputado Manuel Taboada se mostró especialmente prolífico con el teclado camuflado bajo la mesa, otros lo sacaron esporádicamente. El presidente, Diego Calvo, tampoco pudo evitarlo un par de veces durante un debate sobre la minería en Galicia.
En las filas socialistas solo le dieron al aparato el viernes la mitad de sus diputados. Es justo decir que nunca se ha visto a Moreda mirando una pantalla. También es justo decir que nunca (o casi) se ha visto a Julio Iglesias, alcalde de Ares, mirando a otra cosa que no sea una pantalla.
En el BNG tienen el vicio más domado y no se les vio darle a los dedos más que de modo muy puntual.
También hay que decir que no todos matan el tiempo -o trabajan, o lo que sea- vía móvil. También los hay, como el popular Antonio Cañás, de Culleredo, que se pasó buena parte de la sesión haciendo dibujitos en una libreta. La última sesión duró hora y media. Sus señorías ingresaron 6,5 euros por minuto. Sin duda por eso hacen dos cosas a la vez: hay que economizar.