«A mi trabajo le pongo horas, pero sobre todo... alma»

Casi todos se definen como obsesivos en su tarea, se alimentan de su talento, pero también de toda cuanta serie o película cae en sus manos. en su dni aparece galicia, sus personajes son universales


«Yo convivo mucho más con los personajes que con mi mujer y mis hijas. Ellos me quitan el sueño, juegas a ser Dios y hasta que resuelves un conflicto no puedes quitártelo de la cabeza». Con esa vehemencia quebrada por el vaivén de las audiencias se expresa Alberto Guntín, responsable de que series como Matalabos o Padre Casares dibujen la sonrisa del optimismo en la ficción gallega. Como él, sus colegas se la juegan en cada frase para ver quién gana la partida de materializar esa idea que ronda por sus cabezas como un runrún inquietante. No visten de negro ni llevan tirantes ni fuman compulsivamente mientras tiran hojas y hojas a la papelera como en las míticas películas clásicas. Sin embargo, los guionistas gallegos viven su oficio con esa ansia devoradora del creador insatisfecho que escribe y reescribe la misma línea hasta conseguir perfilar a sus personajes. Ya sea Carmelo Matalobos, Vicente Cortázar o Tadeo Jones.

Y es que coincidiendo temporalmente con esta época fascinante en que la calidad de las series inglesas y americanas han girado el cine a la televisión, Galicia ha escrito su mejor guion. El de una cantera talentosa que peldaño a peldaño ha escalado éxitos a nivel nacional e internacional en unas condiciones limitadas en lo económico que, no obstante, han dado fruto. Junto a la laureada Matalobos, de Voz Audiovisual, que fue considerada la mejor serie europea, otras como Gran Hotel, Gran Reserva o Hispania triunfan de la mano de los gallegos Ramón Campos y Gema. R. Neira. Hay más ejemplos brillantes firmados por gallegos, y es imposible nombrarlos a todos, de Carlos Portela, a Rosa Castro o Victor Sierra. Detrás de Acusados, que lideró la pantalla de Telecinco hace dos años, está el guionista Xosé Morais, y también en la catalana TV3 Pepe Coira dejó su huella junto a Daniel Domínguez en la ficción Grand Nord. Paralelamente a este bum televisivo, y después de que Enrique Otero ganara el Festival de Málaga por la originalidad de Crebinsky, el coruñés Javier Barreira daba la vuelta al mundo con el supertaquillazo Tadeo Jones, que le hizo saltar la noche de los Goya de este año.

¿Se ha desbordado de repente el talento de los creadores gallegos? ¿Se ha disparado la ambición de los guionistas aupados por las vibraciones de quienes soñaron a Tony Soprano?

Alberto Guntín se ha curtido en la escuela de la experiencia y reconoce que ahora se está recogiendo la siembra de hace 15 años: «Yo pertenezco a esa generación que empezó en esto sin haber estudiado antes. Hice Filología Hispánica, pero una cosa me fue llevando a la otra, y aunque leía todo lo que caía en mis manos sobre cómo escribir guiones, no fue hasta que empecé a trabajar con Antón Reixa y Xosé Morais en Galicia Exprés cuando realmente me di de bruces con un oficio que te lleva la vida. Es tan apasionante como agotador».

Por sus manos han pasado cientos de papeles, pero uno de los más significativos ha sido el del narco Carmelo Matalobos, un icono basculado en la idiosincrasia gallega y en la pureza de los grandes mafiosos cinematográficos, armado de las mejores balas verbales: «E ti a que coño estás esperando? Hai que levarte ás vareadas coma ó gando?».

Carmelo nació con la cara de Luis Iglesia. «No hubo duda ?dice Guntín?: el papel se escribió pensando en él. Es un actorazo y un portento a la hora de desmenuzar los guiones, lo mira todo con lupa y eso es fundamental para nosotros, porque baja a los detalles más nimios y suma incorporando siempre, también con vocabulario y expresiones. Carmelo, por ejemplo, prefería decir choupela en lugar de cárcere y eso es una aportación de él».

«YO NO TENGO VIDA. LO VEO TODO»

De la misma opinión es Alba Varela, que empezó en este oficio en la última temporada de Matalobos y ahora se enfrenta a una nueva serie (Chapa e pintura) con el equipo de Alberto. Ellos suelen trabajar en la perfección del número impar para que el choque frontal revierta en positivo. «Es una costumbre que nos funciona. Preferimos crear a tres bandas, llegamos a esta sala con nuestras ideas, cómo vemos al personaje, en qué situaciones los pondremos, y así los portazos se llevan mejor», bromea Guntín. A su modo de ver, solo en el ejercicio de la confianza se puede avanzar en la búsqueda de ese Rosebud que los haga palpitar de emoción. La misma con la que hablan de Mad Men, Dexter, Homeland o Juego de tronos.

«Yo no tengo vida ?apunta Alberto?, veo todas las series que salen y competimos entre nosotros con un punto friki». Pero de ahí beben y se nutren fórmulas que luego juegan a favor en un contexto apasionante desde el punto de vista creativo. Y es que probablemente sin The Wire o Los Soprano tampoco hubiese habido Matalobos. «Es inevitable que te influya lo que estás consumiendo, y eso se refleja después en lo que escribes. En Matalobos no hay ni una sola línea de humor y partió con la premisa de la verdad: violencia es violencia. Eso fue un hito en la televisión de Galicia», comenta Guntín, quien está habituado a cincelar la creatividad en el techo que impone el cliente.

IDEAS ORIGINALES

Una parte fundamental de un engranaje que no deja volar las ideas con la libertad que en Estados Unidos tienen las ficciones emitidas en cadenas de pago. «En España ?explica Gema R. Neira? los guionistas de las series estamos muy sujetos a las audiencias, no tenemos posibilidad de rectificación sobre la marcha y por eso debemos afinar mucho en cada proyecto que presentamos». Ella y Ramón Campos han fundado en Madrid Bambú Producciones, que ha ido encadenando aciertos como Gran Hotel, Hispania o Gran Reserva. «Casi todo nuestro equipo es gallego ?añade Gema?. Nosotros hemos apostado por desarrollar nuestras ideas originales y no lo que imaginan otros».

A la hora de escribir, ella no piensa en actores concretos, sino en referentes que ayuden a fijar la verdad de unos personajes a los que lanza al vacío mucho antes de empezar a grabar. «Cuando tienes resuelto el casting lo normal es que ya hayas escrito el arco de temporada (el trazo grueso de 13 episodios), el capítulo piloto y al menos dos capítulos más».

«Ramón y yo ?prosigue? tenemos como filosofía que lo que hacemos tiene que gustarle al público, pero también a nosotros. No se puede olvidar ninguna de las dos cosas. Si los guionistas no trabajamos con pasión, la gente tampoco lo percibe con pasión. Nosotros creemos que cuando tú quieres a tus personajes, los cuidas, les escribes las mejores frases que se te ocurren y les das las historias que a ti te gustaría ver poniendo corazón, ese proyecto traspasará la pantalla».

MÁS DE 30 PROYECTOS

Gema está viviendo en la cima, produciendo a un gran nivel y apostando por dar el máximo. Imparable en su propósito, asegura tener 30 proyectos ahora mismo dispuestos a ver la luz, aunque sabe de la renuncia a buenas ideas porque no se produce ese clic crucial en la vida de las series: «Da mucha rabia, pero es así, le pasó a Mad Men, que tardó en cuajar, le ha sucedido a Cuéntame, que estuvo años dando vueltas por los despachos, y nos pasa a nosotros. A veces te escogen por diferente, como fue el caso de Hispania, y otras porque de repente todo se encamina hacia un mismo filón. La gente cree que Gran Hotel es herencia de Downton Abbey, pero estaba escrita mucho antes. Sin embargo, gracias a que emitieron la serie inglesa nosotros pudimos colocar Gran Hotel».

La creatividad se alimenta en el abismo de la página en blanco y en la asfixia de resolver a tiempo lo que en ocasiones no son más que cabezazos contra la pared o una desazón angustiosa. ¿Cómo resolver quién mató a Laura Palmer?

«Creo que no hay mejor respuesta a ese miedo a la sequedad de ideas que el equipo ?explica Alba?. Es fundamental no cohibirte en nada, porque de una aparente chorrada puede derivar una idea magnífica para una escena, del mismo modo que debes aprender a decir que no a las propuestas de otro si no te convencen».

Ese dinamismo de hacer de pared con el compañero ha unido a Paula Hermida y a Lucía Lago, que acaban de terminar la temporada 13.ª de Padres Casares. A sus 27 años se han estudiado la Biblia de pe a pa para buscar nuevas situaciones alrededor del cura de Louredo. «Vivimos rayadas una con la otra, pero Lucía es más estructurada y nos complementamos», dice Paula.

Su ambiente de trabajo es puramente relacional, necesitan crear un clima abierto en el que no haya cabida para los egos. «Cuando me preguntan ?dice Alberto Guntín? qué tres condiciones debe tener un buen guionista, siempre contesto: ver mucha tele y mucho cine, leer todo lo que le caiga en las manos y no tener ego. Otra cosa es que luches por tus ideas, pero el trabajo de quien escribe guiones no es un fin, sino un medio, porque al minuto uno va a ser destrozado por el director o el productor».

«Yo no tengo vocación de autor ?dice Javier Barreira, guionista del filme animado Tadeo Jones?, soy una parte más de un engranaje y me considero un mercenario en el mejor sentido de la palabra. Tanto escribo para niños como puedo hacer un vídeo industrial o un anuncio publicitario. Los guionistas debemos tener claro que nuestro trabajo va a ser manipulado y así debe ser para que el resultado sea el mejor».

Como todos sus compañeros, Barreira se curtió escribiendo y escribiendo páginas para Pratos combinados, un modo de aprender sui generis en Galicia que los ha lanzado al reconocimiento internacional. «Esa ha sido una de las claves ?dice Gema R. Neira? de que hoy estemos aquí. En pocos años yo había escrito el doble que muchos colegas de Madrid, porque en Galicia se producía mucho y a un ritmo infernal». «Y eso sin duda ?reclama Guntín? es debido a un idioma que nos ha abierto la posibilidad de avanzar y desarrollarnos».

Javier Barreira recuerda ese látigo que le hacía golpear sus dedos en el ordenador a episodio semanal sin apenas levantar la vista de la pantalla.

En la actualidad prefiere los proyectos de animación que le permiten un perfeccionismo hiriente con su pasado: «El último guion me ha llevado tres años, reescribo constantemente porque en animación la diferencia fundamental es que tienes que contarlo todo, no hay margen para la improvisación, así que tienes que explicarle exactamente al animador qué tiene qué hacer el personaje, porque no puede dejar al perro suelto [risas]».

En esa libertad se mueve Enrique Otero, que parte de la premisa de que los proyectos largos necesitan respirar y crecer. Él es autor, junto al actor Miguel de Lira, del texto de su genial Crebinsky. Para Otero un buen guion necesita originalidad, pero sobre todo «alma». «A mí este tiempo convulso me parece fascinante porque está avivando el ingenio. Estamos volviendo a la esencia, a la historia, al qué me estás contando en lugar del cómo me lo cuentas. Como en las narrraciones de los niños, le puedes poner muchos ruiditos y mucha parafernalia en la interpretación, pero lo importante es el lobo y qué les pasará a los cerditos», apunta. «En Galicia hay muchísimo talento, la industria está reclamando guionistas como el agua, pero hace falta una gran escuela. Que salga gente especializada en cualquier formato: vídeos, anuncios, comedia, drama... Es una pena que no seamos ambiciosos y fijemos el horizonte sin complejos».

Como los mejores, mirándose en el espejo de un futuro que 30 años después de aquel histriónico «Estás bébeda, Sue Ellen?» ha permitido a los creadores gallegos construir sueños propios con en el latido de la palabra. En un pulso consigo mismos que los ha hecho salirse del guion.

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