Jesús Domínguez cumple un cuarto de siglo al frente de la pionera terraza viguesa
23 jun 2013 . Actualizado a las 06:00 h.Ahora parece algo habitual, pero cuando abrió sus puertas el Don Gregorio, prácticamente no había terrazas en Vigo. Y menos, del tamaño de la de este pequeño café que en su interior dispone de unos 50 metros cuadrados de superficie. Pero es de puertas afuera donde se crece y donde la clientela disfruta de unas privilegiadas vistas al emblemático Sireno, la escultura de Leiro que ya es un icono local, en el meollo de la ciudad. El establecimiento es la antesala del Casco Vello, un vestíbulo bullicioso y urbanita que da paso al apacible barrio viejo.
Jesús Domínguez Espiñeira, Suso para todos los que le tratan, es el propietario del local y fundador del mismo.
Fue su primer negocio propio, pero ya llegó bregado de trabajar en la hostelería. «Yo venía de llevar la cafetería Lorena, en la calle del Príncipe. Estando yo allí como gerente se reformó y se amplió. Era la mejor cafetería de España», asegura. «No hay nadie que me haya enseñado una ni parecida», insiste recordando la espectacular barra de acero curvado.
A pesar de que en aquel tiempo el negocio -que cerró recientemente- marchaba muy bien, el hostelero tenía ganas de establecerse por su cuenta. «El Lorena era muy grande, muy complejo, y yo ya me estaba acercando a los 30 años, así que pensé: ahora o nunca. Cuando vi este local me gustó mucho, pero todo el mundo me desanimaba», cuenta. Y es que por aquel entonces el Casco Vello, que aún no ha terminado de resurgir del todo, en aquella época estaba completamente muerto. «La zona estaba muy deprimida, no pasaba nadie por aquí y además es que no había dónde tomar nada. Lo que ahora está de moda y es imprescindible es tener una terraza y de aquella esta era la mejor que había en Vigo. Eso fue lo que yo vi. ?Este es el futuro?, me dije. Y de hecho ahora no se concibe un negocio sin terraza», razona.
Donde hoy se asienta el bar de Suso estaba en aquel momento una tienda de ropa para niños llamada Cativos. Y donde se halla ahora la frutería que tiene como vecina, se encontraba una tradicional droguería llamada La Popular. «El edificio estaba medio en ruinas, de hecho se reformó después», indica. La explanada donde se sitúa su local también cambió. «Al ampliarla ganó por el día, pero antes el movimiento era continuo, también por la noche. La gente aparcaba con el coche y lo dejaba aquí al lado sin problemas donde paraban los autobuses en cuanto dejaban de circular. Había clientes que me dejaban las llaves», recuerda. Suso indica que, después del Gazpara, ya es el negocio más antiguo que queda en la zona.
En homenaje a su padre
El propietario del negocio cuenta que el nombre del bar es un homenaje a su padre, Gregorio, que se fue a Madrid a trabajar y falleció en la capital cuando él tenía tan solo unos meses. «Dentro del bar hay una foto de él y la gente piensa que soy yo», manifiesta.
El profesional, natural de la parroquia de Uma, en Salvaterra, trató desde joven de buscarse las castañas y apostó por Vigo, «pero en aquella época ir y venir a tu casa era una odisea, los trabajos de oficina no daban para pagarse alojamiento y empecé en la hostelería». Su primer trabajo «en verano, mientras estudiaba», fue en Las Anclas, en Bouzas. «También estuve en el Drugstore, en la plaza de Compostela, que abría hasta las tantas de la madrugada; en el restaurante José Luis, en A Florida; también en A Coruña poco tiempo; en Mallorca, trabajando y haciendo allí la mili, y al volver, en el Crisol y en el Lorena», rememora. Un cuarto de siglo ha pasado volando para este emprendedor infatigable que no hace mucho reformó el local. Como todos, acusa los envites de la crisis y la caída del consumo, pero no se arredra y trata de combatirla sin disparar precios y cuidando con tapas generosas a la clientela de este lugar de encuentro de vigueses y de muchos turistas.