En Cambados se forman quienes, más pronto que tarde, se encargarán de cuidar viñas, preparar barricas y tenerlo todo a punto en las bodegas
16 jun 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Trabajar las cepas, podarlas, cuidar las uvas con esmero y ayudar a transformarlas en buenos vinos. Eso es lo que aprenden en el instituto Cabanillas, de Cambados, los alumnos del ciclo medio de Aceite y Vinos. Forman estos un conglomerado muy variado en edad -hay desde rapaces de 16 años hasta adultos hechos y derechos- y procedencia, ya que a los vecinos de O Salnés se suma «gente de otros puntos de Galicia, especialmente de otras zonas vitícolas como O Barco». Nos lo cuenta María Daporta, la jefa de departamento y una de las personas que mejor conoce las enseñanzas que se imparten en este centro cambadés.
Hasta él llegan, cada año, un mayor número de aspirantes. Como en casi toda la formación profesional, hasta el Cabanillas llega «mucha gente que ya ha hecho otros ciclos, o incluso carreras universitarias, y que, como no encuentran trabajo, siguen formándose para buscar una salida». Y en el campo aún quedan puertas por abrir. «De momento, la gente se ha ido colocando. Supongo que a partir de ahora o mercado estará más limitado».
¿Y cuál es el destino habitual de quienes logran el título? En Galicia, evidentemente, la salida está en el vino. Un sector que se ha ido profesionalizando y que cada vez requiere de profesionales con una formación que vaya más allá de la que se adquiere a fuerza de rutina y tiempo. «Antes, las bodegas eran negocios familiares en los que el trabajo lo hacía la familia. Ahora, cada vez más, se requieren técnicos». Y ahí está el Cabanillas para atender esa demanda, con alumnos preparados tanto en el trabajo de campo -la poda y el cuidado del viñedo-, como de vendimia y embotellado, y de bodega. «La gente sale formada para hacer todo tipo de trabajo técnico, pero a poco que se manejen pueden llegar a manejar una bodega», asegura Daporta.
Aunque quizás donde más salida vayan a encontrar a partir de ahora los estudiantes vaya a ser en el campo. Y es que el trabajo de la viña requiere de unos conocimientos que, históricamente, se heredaban junto con la propiedad. Pero los tiempos han cambiado, y hay muchos propietarios de viñedos que no saben cómo enfrentarse a lo que es suyo. «Ese es un campo de trabajo más virgen. Creo que si un grupo se organizase como brigada de trabajo podría tener mucha salida en el mercado», insiste Daporta.
Sus alumnos, recalca, no son enólogos. Pero en el Cabanillas no renuncian a poder formar a técnicos superiores, y por eso este año han vuelto a solicitar para el centro un ciclo superior en Vitivinicultura. «Aún no nos han contestado. Lo hemos pedido y, por si acaso, estamos pensando cómo podríamos reubicar a los alumnos».
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