Un inmueble corcubionés acogió la morada del célebre capitán Agramunt, cuyas hazañas recorrieron el mundo
29 may 2013 . Actualizado a las 06:00 h.En la restaurada casa donde se instaló el novedoso negocio Mar Viva, llamada por los más viejos A casa do Pirata, vivió el célebre capitán Agramunt. Un curtido marino cuyas hazañas de mar recorrieron medio mundo. Corso tardío con cierta fama de pirata, curtido lobo de mar y capitán de los siete mares. Sus legendarias andanzas le recordaban al profesor Francisco Mayán las aventuras de Salgari que había leído de niño.
Hombre de pocas palabras, nunca daba explicaciones de sus aventuras. Dicen que se le veía siempre en mangas de camisa, fumando en cachimba de cachalote, en un constante ir y venir desde su casa señorial (que él llamaba «palacio») al puerto, donde pasaba las horas contemplando el perfil de El Trueno, su viejo navío, su más preciado tesoro.
Escribía Mayán que un día, el ya viejo, capitán Agramunt organizó una nueva y secreta expedición. Reclutó un grupo de aquellos rudos marineros que detrás de la cárcel jugaban ruidosas partidas de brisca y los enroló en su navío. Llegó el día de levar anclas y zarpó perdiéndose en el horizonte. Pasaron muchos, muchos días de mar, su tripulación seguía sin saber nada de su proyecto, ni entender la secreta misión de su capitán. A la altura de Almería, aquellos toscos marineros agotados de jornadas de penuria y temporal, se amotinaron sorprendiendo al capitán en la cabina de mando.
Agramunt, solo ante todos, luchó como un titán. Con el cráneo partido por un hachazo, derramando sangre a raudales, tuvo aún fuerza más que suficiente para acorralar a todos en el rancho y conducir la nave a Almería, donde, después de entregar los amotinados a la justicia, murió a bordo de El Trueno mientras deliraba con su truncada empresa.
En realidad A casa de Pirata era un viejo pazo urbano de Corcubión del siglo XVII. Describe en su fachada principal, en ese lenguaje heráldico semi-hermético, la gloria fachendosa de su hidalgo fundador.
El escudo de armas de seis cuarteles que preside la fachada descansa sobre un discreto pergamino. El cuartel superior de la izquierda (un ajedrezado) corresponde al linaje de los Bermúdez. El de la derecha todavía no estudiado, pertenece al apellido de su consorte. El cuartel central de la derecha representa la cabeza de lobo cortada de los Moscoso, y justo debajo los seis roeles de los Castro. Sin lugar a dudas, quiso su fundador dejar bien claro que este pazo era la vivienda de un Bermúdez de Castro.
Pero por si estos signos no fueran suficientes, podemos ver a modo de pancarta como la cornisa del primer piso reproduce el mismo ajedrezado de los Bermúdez del cuartel superior izquierdo del escudo. En el bajo, en las cinco ménsulas que sostienen el balcón, nos encontramos con que en cada una de ellas (las laterales) están representados nuevamente los seis roeles de los Castro. En la del centro un Santo Grial advierte de que el dueño es «cristiano viejo». Está documentado que en Corcubión vivió un miembro de esta familia como administrador de los condes de Altamira.
El edificio sufrió en 1809 el saqueo e incendio de las tropas napoleónicas. Pasó luego a manos del citado capitán Agramunt que la hizo su vivienda. Más tarde fue propiedad de la familia Lastres, otra vieja dinastía de marinos corcubioneses.
HISTORIAS DE CORCUBIÓN