Siete conservadores trabajan intensamente en la preparación de las piezas que el museo de Pontevedra exhibirá en el edificio que culmina su ampliación
24 may 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Los talleres de restauración del Museo de Pontevedra, dice su conservador más veterano, Ricardo Ferreiro, no tienen demasiado que envidiar a los del Prado. «En espacio casi puedes decir que estamos mejor», cuenta. Él lo sabe bien. Empezó hace 34 años en un «cuartito chiquitito» y ha visto «la diferencia bestial» que supone trabajar ahora con los mejores medios en las dos espaciosas salas de paredes acristaladas que ocupan las nuevas instalaciones en el Sexto Edificio, que dejan a la vista de cualquier visitante el trabajo de los restauradores.
Estos días, el taller acoge un movimiento mayor del habitual. Por las dependencias están pasando las más de 70 piezas que necesitan algún tipo de tratamiento para su exhibición en la colección permanente que albergará el edificio que completa la gran ampliación del museo pontevedrés, el Sarmiento, cuya inauguración está prevista para agosto. Por eso el tiempo apremia y la plantilla habitual de tres restauradores se ha ampliado a siete. Divididos por áreas (piedra, arqueología, azulejería y cerámica), todos se afanan en sacar lo mejor de los tesoros artísticos que guarda el museo, aunque en este campo las prisas no valen. «No sabes realmente cómo están las piezas hasta que empiezas a ver», contaba Óscar Taboada cuando comenzó la restauración de dos de las piezas más emblemáticas, dos profetas que proceden del pórtico de la Gloria de Santiago.
El edificio Sarmiento es el que albergará las colecciones Prehistoria, Arqueología, Alta Edad Media, arte románico y los fondos de alfarería y loza del museo, entre estos últimos piezas de la colección Sánchez-Mesas o los fondos de cerámica donados por la familia García Alén, así como la colección de Sargadelos. Y también se expondrá en esta sede el tesoro de Caldas, una de las joyas más destacadas.
«Este montaje es más complicado -afirma Sonia Briones- porque son piezas más complejas. Llevamos mucho tiempo trabajando. Nos faltan cosas, pero vamos priorizando». En su caso, en estos momentos se ocupa de las piezas de azulejería, muchas procedentes de Toledo o Valencia, y en las que las sales acumuladas con el paso del tiempo representan uno de los grandes problemas.
Octavio Beares es uno de los restauradores contratados ex profeso para las obras del Sarmiento. En su caso, tras su experiencia en la empresa privada, es la primera vez que trabaja para un museo, aunque también estuvo contratado el pasado año para restaurar piezas de madera. Ahora lo hace con piedra. «Los criterios son siempre los mismos, intervención mínima y respetar el material físico de la obra, el museo es además muy escrupuloso», señala, mientras destaca que «el poder trabajar restaurando no a cuatro bajo cero sobre un andamio sino aquí son cosas que se agradecen».
De cada pieza se hace un informe. Ricardo lleva en sus 34 años más de 660. «En parte, como se dice, son como mis hijos. Esta es mi casa de toda la vida».
EN El Museo de Pontevedra UN Miércoles DE 12 a 13 horas