Así se mima un porco celta

Susana Acosta
Susana Acosta ARTEIXO / LA VOZ

FIRMAS

GUSTAVO RIVAS

La romería de mañana de Arteixo asará a la brasa 34 cochinos de distintas granjas productoras de esta raza

17 may 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Quien fuera cocho para vivir plácidamente y a sus anchas en la granja cinco estrellas de Jorge Fandiño, en A Laracha. La finca A Corveira está escrupulosamente limpia y eso que está llena de cochinos que campan a sus anchas al aire libre. Juntos pero no revueltos, los porquiños disfrutan de la zona de solarium. Nada mejor que un amplio y espacioso charco de fango para que estos huéspedes tan especiales puedan refrescarse y embarrarse a gusto del consumidor durante su estancia en la granja: «Cuando empieza el buen tiempo no hay quien los saque de ahí», comenta Fandiño mientras señala donde están las hembras de cría. Hay cuatro y una de repuesto. Pero si lo que prefieren es degustar bellotas y castañas, lo tienen muy fácil. Basta con acceder a la ladera y comer las que caen de los árboles. Eso sí, deben esperar a la temporada.

Más de 30 ejemplares

De estos magníficos ejemplares saldrán cuatro para la romería del Porco Celta de Arteixo que se celebra mañana. El resto, hasta 34, se reparten entre otros productores pertenecientes todos ellos a Asoporcel, la Asociación de Productores de Porco Celta. Los de Fandiño ya están seleccionados y los muestra con orgullo. Los cerdos, de apenas tres meses y de cerca de 50 kilos el más pequeño, toman el sol plácidamente ajenos a que pasarán a mejor vida y que ya tienen las horas contadas.

Fandiño se acerca sin miedo a ellos. Y eso que no va vestido para la ocasión. Ataviado con castellanos, pantalón de vestir y chaqueta de punto, este granjero último modelo de Arteixo reconoce que se dedica a la cría de cerdos por afición: «Cada mes me tira del bolsillo. Empecé trayendo tres y luego Manolo -quien se encarga de tener la granja impoluta- me dijo que era una pena no traer un macho y criar. Y así me embarqué en esta aventura», confiesa.

Más sano que el blanco

Fandiño también explica que el sabor del cerdo celta es muy distinto al del blanco, mucho más común. «Tiene otro sabor y los endocrinos recomiendan comerlo, al igual que el ibérico, porque dicen que la grasa que tiene es más saludable que la del blanco», asegura.

Bellotas en temporada

Hasta cien cerdos se crían en un año en esta granja: «Sobre unas diez camadas y cada una da entre seis y doce cerdos», explica. Se alimentan bellotas y castañas en temporada. También de pasto y un pienso elaborado de cereales naturales, según las indicaciones que marca Asoporcel: «Hay granjas más grandes, pero los de la asociación me han dicho que tan buena como esta para la cría del porco celta hay pocas», confiesa orgulloso Fandiño. Y es que es para estarlo, porque unos minutos en la granja y ya apetece quedarse una buena temporada.