Vigo no es un pueblo

FIRMAS

27 abr 2013 . Actualizado a las 14:25 h.

Como vigués, hijo de vigueses y padre de vigueses sería un placer poder poner encima de la mesa indicadores que arrojasen un asa de esperanza sobre el futuro de la ciudad. Pero porque precisamente preocupa su devenir y las oportunidades que pueda ofrecer o las carencias que llegue a acumular, no cabe lugar al engaño y no hay otra opción que admitir un cada vez más preocupante panorama sobre Vigo.

Con todo los respetos, la política de un pueblo por su peso poblacional, las posibilidades de relación de sus dirigentes y las necesidades de sus residentes se acaba circunscribiendo a embellecer lo más posible la localidad, estar atento a las necesidades sociales de sus moradores y, si se puede, conseguir de otras administraciones la infraestructura de turno en forma de variante, depuradora, piscina o aceras en las parroquia. Pero esa política no llega para Vigo. No llega porque su industria ha iniciado un camino descendente que el destino no permita que llegue a afectar al sector del automóvil. No llega porque las infraestructuras claves de la ciudad lo son cada vez menos en el contexto de sus competidores, y no hay que ver más que al puerto y al aeropuerto. No llega tampoco porque opciones de enganche a la modernidad como el AVE, las autovías de mejora de conexión o la depuradora, para al menos respetar nuestro medioambiente, se retrasan hasta el infinito o simplemente se han convertido en sueños. No llega esa política de pueblo porque Vigo no puede permitirse estar enfrentado con todo su entorno, las instituciones de las que puede arañar apoyos o a las que tiene que exigir lo que los vigueses merecen. No llega, en definitiva, porque Vigo no puede perder más tiempo en batallas políticas paletas o al final acabaremos contando lo que un día fuimos y dejamos de ser por permitir que nos convirtieran en un pueblo.