Mujeres chairegas aprenden nociones de defensa personal con un monitor de artes marciales, que subraya que prevenir el conflicto es la mejor estrategia defensiva
27 mar 2013 . Actualizado a las 07:00 h.La mejor defensa es un buen ataque: cualquiera que sea mínimamente aficionado al fútbol habrá escuchado o leído esa expresión más de una vez. La mejor defensa es la preventiva: esa frase no procede del mundo del fútbol pero sí del ámbito deportivo, y quien la pronuncia es el vilalbés Antonio Montes, monitor de artes marciales y responsable de un gimnasio con amplia trayectoria en la capital de la Terra Chá.
La frase, de todos modos, se pronuncia en un escenario alejado de los pronósticos y análisis que suelen preceder y suceder a los partidos de fútbol. Montes no solo tiene relación con las artes marciales en diversas competiciones sino que imparte cursos de defensa personal a mujeres.
Evitar situaciones desagradables que pueden estar en la mente de cualquiera y ofrecer nociones que ayuden a comportarse en esos momentos forman el contenido de un curso de ese tipo, mientras que el propósito de las alumnas también parece moverse en esa misma dirección. «O saber non ocupa lugar», dice una de las alumnas, Mari Alvariño.
Una de las particularidades es que las alumnas tienen edades diferentes y que también es distinta la frecuencia y la intensidad con la que practican ejercicio. Eso no parece ser un problema para quienes asisten, que además, tal como ellas mismas reconocen, cuentan con un profesor que les explica bien los ejercicios. «Hai cousas difíciles, pero apréndense ben», afirma Asunción Souto, que destaca que las demostraciones del monitor resultan de gran ayuda.
¿Qué es lo que se aprende exactamente? Pues, por ejemplo, a convertir un gesto instintivo en un eficaz gesto técnico, a saber qué zonas del cuerpo se pueden emplear como armas o a qué partes se puede atacar. Todo ello, explica Montes, se realiza con demostraciones de movimientos suaves pero constantes, mientras las alumnas más habituadas al ejercicio reconocen que se familiarizarían igual con los conceptos aunque se pusiesen el chándal con menos frecuencia de la que acostumbran.
Un curso como este comienza con estiramientos, sigue con pautas de control de situaciones y de equilibrios, continúa con diversos movimientos e incluye luego simulaciones de situaciones que pueden presentarse y para las que se ofrecen orientaciones.
El curso sirve también para confirmar que la práctica del deporte es ya tan habitual en mujeres como en hombres, pero con un matiz: Montes admite que cuando se plantean un objetivo, ellas «son más constantes» para conseguirlo.
Tanta constancia parecen tener las alumnas que no se descarta darle continuidad a la iniciativa. Este año se organizó con motivo del Día Internacional da Muller, pero podría ampliarse a otras fechas. Mientras tanto, Montes subraya que el curso enseña técnicas que no tienen por qué aplicarse: «La mejor defensa es prevenir el conflicto, pero a veces hay que dominarse», dice.