En estos momentos que en España y Europa sufrimos un brutal desorden económico asociado a una profunda crisis política y debilidad social, no debemos de eludirnos valores como la perseverancia, la responsabilidad, la ilusión y nuestras capacidades como motor para revertir esta situación. En este contexto debemos analizar la futura llegada del AVE a Ourense. Hasta la fecha no ha generado más que controversia, descalificaciones, demagogia, desencuentro y oportunismos políticos por parte de algunos que han encontrado, en esta situación, un filón para seguir haciendo lo de siempre: nada por Ourense. La realidad es que, a estas alturas, aquel sueño contemplado en el Plan Especial de Infraestructuras Terrestres (PEIT) de sucesivos gobiernos no se ha hecho realidad. Y es imprescindible que se haga para que, por una parte, cicatrice la tremenda herida producida por la discriminación negativa de la inversión pública en nuestra ciudad en los últimos cuarenta años, y por otra, nos unamos política y socialmente para que, sin demagogia y llamamiento a las barricadas, exijamos un trato similar al que se le dio a otras provincias.
El proyecto y construcción del AVE en Ourense es una inversión estratégica para el desarrollo futuro. No es simplemente un gasto contemplado en los Presupuestos Generales del Estado. Esta infraestructura debe de ser modélica y su oportunidad inversora innegociable, aunque para adaptarnos a la situación de crisis tengamos que estar abiertos a propuestas más próximas al año 2018 que al 2015 para su llegada e integración. La variante exterior es un diseño innegociable y necesario para una planificación ferroviaria acorde con los tiempos actuales, y además, es lo que demanda la sociedad ourensana. El respeto al medio ambiente, el futuro desarrollo urbanístico asociado a esta infraestructura, la posibilidad de disponer de más suelo dotacional en el nuevo PXOU, y las peticiones de los colectivos sociales no deben caer en saco roto, aunque para ello tengamos que prescindir de Sir Norman Foster o de un soterramiento de la propia infraestructura en su entrada a la ciudad.
El desarrollo termal y el aprovechamiento de los recursos endógenos deben canalizarse a través de un proyecto integrador que propicie marca de ciudad, debe de ser el rumbo a seguir en la próxima década por esta ciudad. El PEIT contempla en su estudio, el paso de dieciséis millones de usuarios/año por la futura estación intermodal ferroviaria de Ourense, que si no somos capaces de retenerlos en un porcentaje importante, el impacto inversor productivo de esta infraestructura será negativo. El AVE es un medio, pero no un fin en sí mismo; es una carrera a favor de la competitividad, de las oportunidades y la vertebración del territorio.
Las administraciones locales, Diputación y Concello de Ourense, así como la Xunta de Galicia, deben de coordinar estas necesidades e involucrarse con todas sus capacidades económicas, técnica y políticas para que el proyecto se ejecute y para que, Ourense y los ourensanos percibamos esta propuesta como nuestra, nos una, y nos permita sentirnos orgullosos de nuestra tierra y de nuestras propias decisiones.
tribuna abierta
José Luis Sousa López es ingeniero industrial