La salada evolución de un clásico

Begoña Rodríguez Sotelino
b. r. sotelino VIGO / LA VOZ

FIRMAS

M. MORALEJO

Rogelio y Guillermo Sobrino Baeza continúan la tradición familiar relevando a sus padres

17 mar 2013 . Actualizado a las 06:00 h.

Los vigueses de toda la vida no se olvidan de uno de los establecimientos míticos de la calle del Príncipe: la pastelería Las Colonias, que ocupaba un amplio y hermoso local en la milla de oro de la ciudad en el que desde hace ya unos años se asienta una de las franquicias de moda que copan la vía peatonal. Pero en otros tiempos en que Príncipe no era una calle tan volcada en el deporte del shopping, había que hacer una parada (no obligada, pero sí muy deseada) para reponer fuerzas. Varias generaciones entraron por la puerta de aquel establecimiento que tantos paladares satisfechos dejó. Allí se formó de adolescente Rogelio Sobrino, que años más tarde se independizó montando su propio negocio en compañía de su mujer, Dolores Baeza.

Al jubilarse, dos de sus seis hijos, Rogelio y Guillermo, les relevaron al frente del local. «Las Colonias lo abrieron los tíos de mi padre, Pura Sobrino y José Virgili y en su momento rompió moldes, introduciendo una parte de charcutería y bombonería. Se dice que Franco venía desde Ferrol para llevarse de allí los pedidos», cuenta Guillermo. Después de retirarse su madre, él fue el último en sumarse como gestor al proyecto en el año 2000, tras acabar la carrera de Filología y ver en la empresa familiar una salida laboral con futuro que además conocía bien, ya que como el resto de sus hermanos, pasó allí muchas horas de su infancia echando una mano». Su hermano Rogelio, al que llaman Roi, lo tuvo más claro mucho antes y ya se formó desde muy joven al lado de su padre en el obrador para más tarde completar su formación con maestros pasteleros en diferentes ciudades.

Los hermanos Sobrino dirigen su pastelería siguiendo la pauta básica que heredaron de sus padres, la apuesta por la calidad, pero añadiendo de su propia cosecha para poder competir en el mercado, la introducción de productos elaborados que los diferencian de los demás. Por ejemplo, una carta donde no falta el dulce pero tampoco se olvida del salado, con el que solventan la hora de la comida de cientos de clientes de la zona y, de más lejos una vez que prueban exquisiteces que no se encuentran en ningún sitio, como la coca de berenjena, cebolla, pimiento y tomate, la pizza de queso con rúcula, nuez y cebolla caramelizada o el hojaldre de tomate y tres quesos. «Es que una empanada la tienes en cualquier sitio. Lo nuestro, no», razona. Además, añade el profesional, «hay que estar atentos a lo que demanda el mercado».

Todo artesano

Guillermo insiste también en recordar el principal pilar de la empresa: «El nuestro es un negocio artesano, se compra la materia prima, se elabora aquí y se vende el producto acabado. Todo el sector tiende hacia la pastelería industrial, nosotros lo hacemos todo. No vendemos ni una chocolatina que no sea nuestra», afirma. Las galletas, muy originales por su decoración basada en atractivos personajes para los niños, o las tejas de chocolate, una de sus especialidades, se hacen diariamente en su obrador.

Por otra parte, desde el año 2006 han ampliado el negocio con un servicio de cátering para todo tipo de eventos que elaboran en un local de 120 metros cuadrados en Bouzas.

El gerente cuenta que aunque Francia sigue marcando las tendencias en cuanto a pastelería de alto nivel, la diferencia ya no es tanta como la que había todavía hace unos años. Además, la actualización y la formación se completa con viajes y cursos de los que se traen las últimas novedades en el mundo de la confitería.